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GONZALO RUBALCABA TRÍO

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GONZALO RUBALCABA TRÍO

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El trío del pianista cubano Gonzalo Rubalcaba firmó uno de los mejores conciertos de la recién concluida 32ª edición del festival Jazz en la Costa de Almuñécar. Elegancia y una pulsación exacta y cristalina en una magnífica actuación que nos narra Juan Jesús García.


Redactor  JUAN JESÚS GARCÍA  |  Granada, 23/07/2019


Don Gonzalo (el que fuera "Gonzalito") se acordaba perfectamente de su paso por Jazz en la Costa cuando todos éramos diecisiete años más jóvenes. Y se sintió emocionado al descubrir su baldosa del "Bulevar del jazz", "¡al lado de Kenny Barron, qué honor!", dijo. "Lo que ustedes han hecho conmigo es un acto de amor, y amor con amor se paga", comentó ya metido en su directo. Romanticismo aparte, dio un concierto monumental, en el que se pudieron degustar todas las especialidades de la casa, tanto técnicas como estilísticas. Yendo desde la clásica a la timba, desde el refinamiento poético más exquisito a la digitación huracanada, pero siempre, sin caer en el estereotipo del pianista caribeño de tumbaos y latin.


Es una lástima que el cubano no deje abierto el micrófono, ya que como los tenistas actuales, acompaña cada pulsación con la voz, sea a la velocidad que sea, como sacando la nota del propio pecho, y de cerca es especialmente emocionante escucharle así. A nadie se le escapa que la imaginación y las facultades de este músico están fuera de serie, y que además de los ametrallamientos de notas, que dispara cuando quiere, se maneja con elegancia y una pulsación exacta y cristalina, entre silencios, timbres y dinámicas. Hubiese sido imposible que GONZALO RUBALCABA hubiese participado en 'Calle 54', hubiese aguado el tono entusiasta de la película de Trueba, véanlo, en cambio, en 'Playing Lecuona' y comparen.


Rubalcaba se quitó desde el primer momento profesional el sambenito de jazzista latino. Para él, la "Clave" fue crianza y trabajo alimenticio, pero una vez metabolizada no parecía querer ningún recurso caribeño fácil, tampoco de otras geografías simplistas y sí se labró una imagen más elaborada y sofisticada; pero una vez superado aquel primer estadio, se ha reencontrado más explícitamente con la música de sus ancestros. Para empezar (y luego terminar) acudió a la afrocubanía, entrando en materia con los aires racheados de la contradanza, el clásico 'Guerrillero' tradicional para ir un rato después haciendo bueno el título 'Ponle la clave' con la que Chucho Valdés bautizó esa pieza, que requiere un titánico juego de manos. Para entonces ya sabíamos que sus compañeros le iban a dar mucho juego, sobre todo el bajista Armando Gola (perteneciente también a otra saga musical isleña) que con su bajo de seis cuerdas ejercía de tal y también casi de guitarrista en la parte baja del mástil, doblando fraseos, que ocasionalmente triplicaban cuando se unía el baterista, cuyos cueros parecían latigazos restallando.


Tras ese un primer merodeo por la cubanía, con algún vendaval de notas en los que los pasajes más enrevesados fueron tratados con una espeluznante fluidez y donde su sentido ritmo (¡comenzó de baterista!) le permite llevar al límite las posibilidades percusivas del piano, llegó la calma, el olimpismo a la inversa, introvertido, casi evanescente. Fue con una adaptación de Pat Metheny ('Heritage') al que el habanero llegó tras su homenaje Charlie Haden, que la tocaba siempre; el Rubalcaba del lirismo abrasador en el que hasta los martillos del piano tienen pudor de golpear las cuerdas para no molestar.


Para terminar el menú del día, se pudo escuchar un puente perfecto entre el mini jazz previo para llegar a una timba callejera a todo tumbao y ambiente de "gozadera" en el "solar" con "chispatrén". Para las almas más delicadas escuchar su minimalista versión de 'Lagrimas negras' a dos voces (bajo y piano) fue una auténtica delicatessen, prologada en los postres con un regreso a su juventud, en el grupo Proyecto de los años ochenta, con una pieza 'La nueva cubana', que como parece natural por entonces, dejaba entrever la influencia "achicoriana" de Return To Forever en la composición de aquel cubano joven de entonces.


Su concierto ha sido el más elaborado en la cocina de los escuchados en Jazz en la Costa, y muy merecedor del premio de la medalla de la ciudad... A poder ser, de oro.

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