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LA DONNA IMMOBILE

LA DONNA IMMOBILE

Llegó el turno de Talía

Con una puesta en escena caótica y que se desarrolla en un feísmo hecho a propósito para la ocasión, 'La Donna Immobile', de La Intemerata Teatro bajo la dirección de Rakel Camacho, que ha estado en cartel del Teatro del Barrio, pone el sexo en el centro de la cuestión, pero observado con una lupa que pone de relieve la impunidad de unos frente a la vulnerabilidad de las otras. Crítica de Vicky Peinado.


Redactor  VICKY PEINADO  |  Madrid, 20/02/2018


La noche del 14 de febrero me fui a ver el trabajo de la Intemerata Teatro, y creo que el día no pudo estar mejor elegido dado en contenido de la pieza. Durante dos semanas la Intemerata Teatro ha mostrado su montaje sobre la violación, solo cuatro funciones, en las que han llenado de MIERDA el escenario del Teatro del Barrio. Porque Rakel Camacho y los suyos han tenido la NECESIDAD de sacar a la luz la vergüenza, el sinsentido, con palabras gruesas o con los versos de Lope de Vega, pero subrayando que "ya está bien", "que ya basta", "que nos queremos vivas", "que queremos ser libres", "que queremos vivir sin miedo", "que no hay derecho". Se han visto en la obligación de quitarle el disfraz al "príncipe azul" de los cuentos, pues llegó el momento de ponerle cara y nombre al violador, al que abusa de su poder porque él lo vale y tiene las herramientas.


Rakel Camacho en la dirección, en la dramaturgia y en escena, junto a una flexible (en todos los sentidos) Rebeca Matellán y el actor que encarna todo lo sucio, Trigo Gómez, con texto propios y de Álvaro Vicente y María Folguera, orquesta un espectáculo bestia; puesto que animal es la situación ante la que nos encontramos, normalizada hasta hoy y hasta la náusea, y que debe ser desmantelada, reventada y pulverizada para siempre.


'LA DONNA IMMOBILE' pone el sexo en el centro de la cuestión, pero observado con una lupa que pone de relieve la impunidad de unos frente a la vulnerabilidad de las otras. Y que, además, se nos ha querido vender durante demasiado tiempo como "amor romántico".


La puesta en escena es caótica y se desarrolla en un feísmo hecho a propósito para la ocasión, porque el horror no merece otro espacio que la fealdad y el asco. El terror de vivir en un cuerpo que es culpa y miedo, que puede ser violentado y penetrado sin permiso, al que no se le pregunta lo que quiere ni lo que desea, sino que se prefigura como la propiedad de otros, siempre.


Parten de un cuento, el de 'La Bella Durmiente', cuya versión más conocida es la que recogen de la tradición oral Charles Perrault y Los Hermanos Grimm, pero que tiene un origen más antiguo, 'Sol, Luna y Talía'de Giambattista Basile (1635), se trata de una historia de violación y terror. Nada tiene que ver con la dulcificada y perversa versión Disney. Talía se sale del camino preestablecido cuando es una adolescente y por "su mala cabeza" termina pinchándose con una astilla de lino y cae como muerta en un sueño sobrenatural, su padre la abandona en el bosque. Se duerme virgen y despierta madre de gemelos y muda; es violada por un rey. Este cuando ve que Talía le "ha dado hijos" se "enamora" de ella. La reina al enterarse manda al cocinero de palacio a por los hijos y pide que los mate y se los cocine a su marido y que arrojen a Talía a la hoguera. El cocinero desobecede y la engaña y el rey al enterarse quema a su mujer, la reina, en la hoguera. Talía, el rey y sus hijos viven juntos por fin y según la visión del relato, Talía es una mujer afortunada ya que está tocada por la mano de Dios y "los bienes le nacen".


No hace falta explicar a estas alturas lo sangrante de la moraleja, pero nuestra cosmovisión está plagada de estereotipos que responden a esos hombres de acción, que hacen y deshacen a su antojo y son los héroes del cuento, cuando en realidad son violadores, déspotas e incluso asesinos. En 'La Donna Immobile' desmontan el arquetipo, dejan al bárbaro al desnudo para que ya sin brillos, corona y ambages podamos admirar lo que realmente subyace a esos cuentos que tantos nos han repetido desde tierna edad, que es crueldad, horror, humillación y abuso.


En cuanto a los personajes femeninos que retratan estos cuentos, ellas están bien ordenaditas en departamentos estanco, clasificadas entre "la buena, la virtuosa" o "la mala, vengativa o puta". Dos categorías, únicamente dos que atienden siempre a la cosificación de la mujer. Objetos pasivos de la historia, solo accionados por su deber reproductor, vuelta a la cosificación y la productividad de unos cuerpos que no nos pertenecen y que es tiempo de recuperar, el cuerpo como campo de batalla de este capitalismo salvaje en el que vivimos.


La Intemerata destapa sin piedad la malicia latente en esta historia que representa a todo un imaginario de reyes, princesas, damas en apuros y caballeros valerosos de una saga infinita de cuentos para no pegar un ojo. Con un estilo rupturista, que mezcla lenguajes y códigos, repleto de guiños ("el campo de nabos" y el rezo a los falos), con un trabajo corporal encomiable por parte de la actriz Rebeca Matellán, nos empujan a desear cambiar la historia, buscar nuevas fuentes y textos que contarle a nuestras hijas e hijos, pues esos modelos siniestros no pueden formar parte por más tiempo de la cultura popular que da respuesta o representa a nuestra sociedad.


Es hora de subvertir el relato, es tiempo de escuchar la voz de Talía.

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