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EN ÓRBITA 2019

EN ÓRBITA 2019

La primavera con música entra

La cuarta edición del festival En Órbita llenó la feria de muestras de Armilla. Casi 10.000 personas se dieron cita para acompañar el nuevo regreso de los míticos 091 y para disfrutar, a pesar del calor, del directo de bandas como Fangoria, Love of Lesbian, Las Chillers, Miss Caffeina, Nilsson, Vita Insomne, Nevada, Margaux y muchas más.


Redactor  JUAN JESÚS GARCÍA  |  Granada, 19/05/2019


El EN ÓRBITA volvió a llenar el recinto de la Feria de Muestras de Armilla por cuarto año consecutivo. Bajo un sol de injusticia, desde la una del mediodía un reguero de personas se fue acercando a la efímera ciudad que todas las primaveras se levanta en un espacio emblemático para la música de la ciudad, y del país. Y no exagero: en Ifagra nació la corriente de los nuevos festivales en los años noventa con el Espárrago Rock. Luego vendrían los demás, toda la plaga actual, pero la fiebre festivalera resurgió aquí precisamente tras desaparecer desde los años de la Transición.


En el En Órbita, como en aquellos Espárragos internacionales, el Womad, o el macro festival Granada en Off (reclamando espacio, aire y menos presión en el cuello para la escena musical local), la chimenea del antiguo ingenio azucarero es el inconfundible "punto de encuentro" de todas la citas y la referencia desde casi toda la ciudad. Ya más cerca sigue los pasos del Alhambra/Granada Sound que también nació en la Plaza de Toros, para pasar por Fermasa y seguir progresando en cuanto a aumento de espacio y espectadores, incluso casi tienen que abandonar su espacio favorito y mudarse también al Cortijo del Conde.


Cuenta su director Karlos Díaz que la obsesión por sus marcas celestiales: En Órbita, Extratonauta, Escenario Planetario, Escenario Satélite... se la debe a su abuelo, que le aficionó a la astronomía. Y así con puntualidad de la NASA arrancaron los motores Margaux, segundos después de la cuenta atrás y que el regidor (Dani Mabaker) gritara "¡empezamos!".


La Primavera la sangre altera, se desperezan las hormonas, la piel se asoma y todos nos vemos con más alegría y más intensa (ufff!!!). Semejante descarga química en vena ayuda a dar carácter a este festival, como el espíritu de reencuentro tras las vacaciones da sentido al Zaidín. La naturaleza juega a favor del En Órbita, y se nota en las miradas, las sonrisas... y la ganas de disfrutar en compañía (de 9000 personas) de una luz tan especial como la del mes de mayo.



Sesión vermú


Margaux llevan tiempo en esto, y compartido con otras bandas, saben lo que quieren contar y también cómo hacerlo. Florean los temas a tres voces, su bajista los empuja muy físicamente y tiene tres cartas marcadas: las canciones melódicas, las festivaleras y otras rearmadas con punteos ácidos y apariencia psicodélica que admiten muchas lecturas. El cuarteto granadino terminó con su homenaje explícito a Lennon 'JWL' con el coreado estribillo "el sueño no ha terminado". Y tanto, acababa de comenzar. Al mismo tiempo en el escenario satélite comenzaban las chicas de Las Dianas, que en plena adolescencia ya han hecho realidad su sueño de tocar en un gran festival, y no va a ser el único.


El reclamo del regreso de 091, Fangoria y Love of Lesbian fue suficiente para que casi 10.000 personas, incluyendo los 300 que hacen que funcione un festival de estas características, llenaran progresivamente la explanada de la antiguo ingenio. Aforo menor de la capacidad real (recordemos que llegaron a meterse un cincuenta por ciento más en otras citas), respetando una proporción de 1 persona por cada 4 metros cuadrados, por lo que hubo aire para respirar y espacio para moverse sin las apreturas incómodas de otros festivales en los que los espectadores son tratados como ganado que va al sacrificio. Con la entrada regalaban un abanico, que fue muy útil, como la crema solar, que los más festivaleros trajeron de casa y cuyo contenido fue tan cotizado como la cerveza a primera hora de la tarde.


Con el desparpajo de la primerísima juventud, Las Dianas rememoran a las primeras Chinas o Belladona por su frescor y desparpajo. Fueron obligadas a hacer un bis fuera de programa con un inquietante estribillo: "córtate la venas con las tijeras de podar". Los últimos aplausos que les regalaron se solaparon con las primeras notas de La Sonrisa de Julia. Y es que la sincronía entre los dos escenarios fue perfecta, ya que los protagonistas del pequeño actuaban exactamente en los cambios de instrumental del grande, evitando así la dolorosa decisión de tener que elegir.



Los cántabros, recuperados de una parada biológica tras una docena de años de camino, están justo en el estrecho filo que separa el pop alternativo y el de mayorías. Estupendos músicos que hacen muy trabajadas, y muy arregladas, canciones (espectaculares sus juegos de voz), y entre su repertorio finalizaron con el tema 'Arroyo claro fuente serena', su revisión de la 'Balada de la placeta' del poemario de García Lorca, una de las pocas ocasiones en las que el poeta de Fuentevaqueros ha sido llevado a las guitarras eléctricas: "un canto a la vida, a los festivales y a la vida", como dijeron entusiasmados.


A la hora en la que la "mujer del tiempo" estaba con sus pronósticos televisados: sol y mas sol, en la ciudad orbital todo se activaba: los anuncios vivientes de Cervezas Alhambra, el decorado para el "fotocall", la venta en el banco propio de la moneda local -los tokens-, las actividades infantiles o la colección de camionetas restaurante que en el patio trasero del recinto permitían una cómoda y relajada digestión, eso sí, sin oír ni ver a los artistas. Todo en orden, todo en órbita.


Mientras los de Julia cedían su espacio a Despistaos, todavía flotaba en el aire una de sus letras más pegajosas: "puedo ser cínico, ridículo, romántico, auténtico...". Y Nevada enchufaban sus electrodomésticos. Los hispano-argentinos tienen en 'Instinto Animal' y 'Cicatriz' una colección de estupendas canciones, que en directo no defienden, sino que más bien las atacan por la energía con que las reconstruyen.


Con Despistaos llegó el rocanrol, los rocanrolitos que diría Pepe Risi. Espíritu netamente madrileño el de la banda liderada por Daniel Marco, que empezaron su concierto, como su trayectoria, fijándose más en el rock directo, y poco a poco fueron añadiendo temas más pop y coreables. Eran inéditos en los festivales de por aquí y animaron -y mucho, hasta el karaoke, sobre todo con 'Física o química', un himno- la sesión de tarde justo antes de que empezaran los pesos pesados.



Sesión de tarde


A las 17h abrió En Órbita Kids, la sección infantil donde un centenar de chavales se entretenían dibujando logotipos, acreditaciones de prensa, bolsas del festival y observando perplejos los juegos de física aplicada que Dani Guirado les preparaba con conocimiento de causa, ¡es astrofísico en el CSIC! La magia existe y tiene su explicación. Al otro lado de las naves, Full desataban su tormenta de afectación. Tras algunos años en que el eje del pop y el rock andaluz pasaba por Granada, Sevilla reclama también su parte con algunos nombres muy propios como el de la banda de Javier Valencia, un líder nato, también es escena con sus psicodramáticas interpretaciones. Recordaron su paso por aquí en el primer Alhambra Sound, porque son un grupo típicamente festivalero, donde comprimen en una hora sin pausa lo más agitado de un cancionero que tuvo en 'Quiénes somos realmente', 'N. Alabama' y 'Adiós', los momentos estelares. Consiguieron, que ya tiene mérito, que el público abandonara el escaso refugio a la sombra donde se apretaba para no derretirse y se dispusiera a sus pies.


A media tarde el arriba firmante, cuentapasos en ristre llevaba ya seis kilómetros recorridos, y es que el reparto de escenarios y actividades variadas en toda su extensión obligaba a los interesados/as a convertirse en runnings si no querían perderse ningún grupo. Los menos aventureros se relajaban en la zona de "mantenimiento", las preceptivas barras, las mesitas del "comedor" o bajo la alargada sombra, esa sí, de la chimenea típica del recinto donde crecía el amable poco césped para acomodarse algo. La música lo es todo para unos y mucho menos para los demás, para lo que un festival es una jornada lúdica, con ganas de disfrute sobre todo de los amigos/as y si acaso ampliar la nómina. Como el Tinder pero con catálogo en vivo.



En el rincón de producción granadina, Nilsson son una banda a descubrir y que se separa de los tópicos actuales del indie ya ambiental, aprovecharon sus 30 minutos en órbita para darse a conocer, y en el próximo Zaidín será su confirmación. Vita Insomne ya lo están sobradamente, su esplendido juego de guitarras y la peculiar voz aniñada de su cantante son sus señas de identidad.


A la par, Miss Caffeina repetían en este escenario, y no una sola vez porque son de los fijos del circuito festivalero. Entre los grupos que participaron en aquel milagro llamado 'En Granada es Posible' unos de los invitados fueron los madrileños -y un poco granadinos- Miss Caffeina, y entre la multitud que los bailaba los hubo de aquel miniconcierto en el Boogaclub recordable como los de Izal en la Polaroid o Vetusta Morla en La Telonera, noches que no se volverán a repetir. El nombre del grupo viene de una canción de Buenas Noches Rose (una banda en la que estuvo Rubén Pozo de Pereza), pero poco queda de ese legado, el pop electrónico muy ochentero, casi "camelero", con bases hiperbailables es lo que les ha dado más resultado, siendo la plataforma para que su vocalista luzca como una estrella, cada día más cerca de la de Fredy Mercury por cierto. Triunfaron como el Avecrem.



Sesión de noche


Estaba escrito en la ley, y ya los testamentos aseguraban que tras la resurrección llega la vida eterna, y al pie de la letra lo siguen en 091. Su insospechado anuncio de regreso a los escenarios y los estudios con canciones nuevas ha sido un regalo para muchos miles de seguidores que lloraban en el Palacio de los Deportes al final de su 'Maniobra de resurrección'. Al contario del cuento, la calabaza ha vuelto a ser carroza, casi limusina.


A primera hora de la tarde ya se veían los colores con los que definitivamente se asocia al grupo granadino, negro y amarillo, según el diseño que les planificó Jesús Gilabert. Centenares de camisetas iban cogiendo sitio ante grupos "menores" para un "cero" ya curtido. Perfil personal que fue tenido en cuenta por el grupo al elegir la hora de actuación, las 21h, y que fue también un regalo para la organización porque el público adulto se hidrata con más y mejores destilados.


Los conciertos de Lapido y José Antonio García, por separado, eran encuentros generacionales, la excusa para encontrarnos y revivir tiempos pasados y actuales con la juventud ya gastada. Cuando "los Cero" regresaron hace tres años, la celebración ya se hizo total y fueron muchísimos los que se arracimaron alrededor de las canciones que pusieron música al aprendizaje en la vida de una ciudad. Su regreso rompió con el rito de iniciación que durante décadas mantuvo su nombre entre los elegidos, que se pasaban sus canciones casi clandestinamente, como en una "secta", y utilizo el término del mismo autor de los temas. Para otros, los que "no estuvieron allí", por edad mayormente, a partir de hoy, tienen la leyenda al alcance de una entrada. Ya no hay valor emocional añadido, hay una realidad.



En este concierto, como el del Actual en 2016, testearon la forma en la que el grupo estaba, ahora tras una pausa menor. Y ya los de las primeras filas intuyeron cambios sin ningún miembro en el escenario, con tan solo la presencia de un órgano, algo que solo usaron en directo en una ocasión. Y cuando todos esperaban la sintonía tradicional de Morricone, será porque se está jubilando el genio italiano, una melodía de tintes hawaianos (de Santo y Johnny) descolocó al personal y recolocó a los "091.03" en el escenario ¿para toda la vida?

Como no "siempre está dios de nuestro", a mitad de 'Zapatos de piel de caimán' el de la luz eléctrica les abandonó, permitiendo un muy hermoso momento en el que el público continuó solo la canción, que gentilmente repitieron cuando los electrones regresaron de nuevo, inaugurando por fin su tercera era.


Una veintena de canciones, sin novedad en el frente como habían anunciado, compuso su repertorio corto para festivales. Con el plus del órgano de Raúl Bernal dando un nutritivo cuerpo, y estupendos desarrollos psicodélicos en 'Es hora de enloquecer', sacándole el revés a la canción. El grupo sonó con su proverbial solidez y escasez de palabras, apenas dijo José Antonio "estamos en órbita amigos". Pero no importó mucho, que para hablar ya están los cantautores. Fueron encadenando piezas casi sin respiro y apenas frenaron en 'La noche que la luna salió tarde' y 'Un cielo color vino', con torpedos directos al línea de flotación emocional como 'La Torre de la Vela', 'Huellas', 'En el laberinto', tremenda 'La calle del viento' y 'Otros como yo'. Canciones que tiene la rara virtud de su longevidad y mantienen intacta su capacidad de conmover. Tras un 'Espantapájaros' coreado casi como una celebración litúrgica, cerraron con 'La vida que mala es' en plan jungle seguida de un regalo para Granada, ¡un castillo de fuegos artificiales para celebrar su regreso! Los "Cero" han vuelto, difundan la buena nueva por el mundo.



Como final, Love of Lesbian montaron un complejo escenario para su actuación, mientras que el Colectivo Da Silva hacían lo propio en el suyo. Luego vendrían Fangoria y Las Chillers cerrando las dos partes del festival primaveral por excelencia.

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