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BEATRIZ GALINDO EN ESTOCOLMO

BEATRIZ GALINDO EN ESTOCOLMO

''Tenías 55 años, marido colocado e hijos creciditos. ¿Qué necesidad tenías?''

Escrita por Blanca Baltés y dirigida por Carlos Fernández de Castro, el Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional programa, hasta el día 18, 'Beatriz Galindo en Estocolmo'. Baltés se ha enfrentado a un gran reto del que ha salido muy airosa: acercarnos a muchas de las mujeres que lucharon por la libertad y la igualdad durante los años 20 y 30 del pasado siglo. Crítica de Kina Jaraíces.


Redactor  KINA JARAÍCES  |  Madrid, 05/02/2018


Isabel Oyarzábal llega a Estocolmo en 1937, en plena Guerra Civil, para tomar posesión de su nuevo cargo de embajadora en Suecia, la primera en la historia de España, del gobierno legítimo de la República. En la capital escandinava sufrirá un grave desaire: el anterior embajador declara que no piensa salir de la delegación española hasta que Franco gane la guerra.


Con una puerta cerrada a cal y canto arranca la obra de teatro 'BEATRIZ GALINDO EN ESTOCOLMO', escrita por Blanca Baltés y dirigida por Carlos Fernández de Castro. Una puerta infranqueable que está presente a lo largo de toda la función y que simboliza la metáfora de todas y cada una de las puertas que la historia nos ha cerrado a las mujeres.


"Se cierran las aulas a las mujeres y los museos a las artistas, las antologías a las poetas y los laboratorios a las científicas. Se cierra la puerta al esfuerzo y al conocimiento".


La protagonista de la obra, muy bien interpretada por Carmen Gutiérrez, no solo fue diplomática. También ejerció como activista, actriz, periodista y escritora, firmando sus artículos publicados en el diario El Sol como Beatriz Galindo (Eva Higueras), la conocida humanista y preceptora de los hijos de los Reyes Católicos. Una pensadora y creadora que estaba al mismo nivel que sus coetáneos de la Generación del 27, pero que, a pesar de participar en la misma aventura, hoy en día es prácticamente invisible.


Baltés se ha enfrentado a un gran reto del que ha salido muy airosa: acercarnos a muchas de las mujeres que lucharon por la libertad y la igualdad durante los años 20 y 30 del pasado siglo. Para ello, ha creado un coro alrededor de las dos protagonistas, Oyarzábal y Concha Méndez (Chupi Llorente). De este modo, logra que aparezcan, con más o menos peso, grandes nombres como Victoria Kent (Gloria Vega), Clara Campoamor (Ana Cerdeiriña), María Teresa León, Josefina de la Torre, Maruja Mallo, Elena Fortún, Delhy Tejero, Victorina Durán, Marga Gil Roësset, Remedios Varo, Rosa Chacel, Ángeles Santos, María Zambrano, Carmen Conde y Zenobia Camprubí.


Tampoco se olvida la escritora que esta generación de mujeres vanguardistas, que tanto hicieron por la modernización de nuestra cultura, no habrían gozado de esas cotas de libertad sin las pioneras: la propia Galindo, Sofonisba Anguissola, Concepción Arenal, María Goiri, María de Maeztu, Concha Espina o Emilia Pardo-Bazán, entre otras muchas.


Y a pesar de saber cómo acaba la guerra y dónde terminará la lucha y las aportaciones de todas ellas, es imposible no emocionarse en cada uno de los discursos valientes, enérgicos y rompedores que nos regala Baltés a través de sus protagonistas.


Las niñas buenas no pueden leer todos los libros: Balzac no, Dumas no, Galdós no.
Estudiar pueden. Para dar conversación a las visitas: farmacia sí, medicina no, filosofía sí, ingeniería no, bellas artes sí, arquitectura no. Corte y confección a cualquier hora.


Cuando venía caminando hacia el teatro nadie se ha girado porque yo no llevaba sombrero. Ni se ha sorprendido de que condujera mi propio coche. Sin embargo, una vez sentada en la butaca de la sala no puedo escuchar sus argumentos sin que las lágrimas acudan a mis ojos... Nosotras, alejadas de las urnas, de los libros, de las artes, del tabaco. Las madres de la humanidad desconectadas de la vida. Pues sí. Teníamos necesidad. Mucha. Tanta como la vuestra. Una necesidad personal de ofrecer lo mejor de nosotras mismas. De vivir nuestra propia vida. De crear nuestro universo. Como vosotros... Y aunque, a veces, tengamos que caminar solas para conseguirlo, como dice Oyarzábal: "en mi hambre mando yo".


Infinitas gracias a todas.


"Hombres y mujeres son desde hace siglos enemigos inevitables. Pero dejarán de serlo cuando, sabiéndose distintos y respetándose en su diversidad, supriman las fronteras colocadas entre ellos por la ignorancia".
Isabel Oyarzábal.

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