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FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN 2018

FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN 2018

Hay un lugar...

Concluyó la 66ª edición del Festival de Cine de San Sebastián (Zinemaldia) con la entrega de la Concha de Oro a la mejor película para 'Entre dos aguas', de Isaki Lacuesta. Aquí tienes un resumen de las sensaciones vividas por nuestro redactor Rosebud, previas a pasar a desgranarnos, en los próximos días y en sucesivos artículos, algunas de las películas más destacadas de esta edición.


Redactor  ROSEBUD  |  San Sebastián, 01/10/2018


Cuentan los más viejos que hay un lugar en el Norte, donde la mañana te ofrece misterio y oscuridad y la noche te da luz. Un lugar donde comer es un placer rebuscado que te incita a lujurias mundanas. Un lugar lleno de formas, de colores, curvas, donde las gentes pasean y encuentran reposo, donde el viajero suele andar de paso, pero siempre bien acogido y satisfecho. En ocasiones la bruma te envuelve y te introduce en paisajes de hadas, siempre con el "susurro" del mar de fondo, haciéndose notar en cada recoveco... llamándote.


Cuentan que en septiembre es un lugar que se convierte en una fábrica de ilusiones, donde puedes soñar múltiples sueños, un lugar en que vanguardia y tradición se dan la mano y el tiempo pierde su inercia para zigzaguear entre nuestros recuerdos, fantasías y anhelos.


Cuentan que para quienes el Cine es una pasión ese lugar es un desenfreno, una sobredosis de emociones y fantasías, la locura del cinéfilo, la envidia del soñador; un lugar y un tiempo inexistentes, en los que perderse y callejear para buscarse en cada esquina.


El pasado sábado 29 de septiembre acababa la 66 edición del FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN (ZINEMALDIA). Cada edición tengo las mismas sensaciones desde que hace ya unos cuantos años empecé a convertir en tradición vagar unos días entre tantos sueños, imaginación e ilusiones. Ilusiones de todos/as los/as que en las diferentes secciones de Zinemaldia buscan obtener algún premio o al menos el reconocimiento del público o algunas miradas cómplices que justifiquen tanto trabajo y esfuerzo para traer hasta aquí su obra. Pero también ilusiones de las personas que nos asomamos a las películas tratando de enriquecer nuestra imaginación y comprenderla y compartirla para engrandecer nuestra vida mediante los sueños que nos inspiran y provocan tantas buenas obras que aquí deambulan por las diferentes salas (lo que, como todo festival que se precie, no evita alguna "pesadilla" fruto de algún experimento cinéfilo "mal digerido").


Para quienes el Cine es una evasión, un festival de cine te puede dar "un gran viaje" que te saque de la vulgaridad y aburrimiento que acechan en la cotidianeidad. Por eso me enganché hace ya algunos años al peregrinaje por las pantallas de Donosti, por sus alfombras rojas, por sus taquillas, sus vallas publicitarias y sus periódicos con los eventos diarios... por sus sesiones "golfas" a las 9 de la mañana, por la sorpresa de encontrarte con actores y directores tomando un zurito a tu lado, ...por poder tener el lujo de conversar con quien te acaba de transportar a una historia, a unos personajes, a algo que tan sólo unas horas antes "no existía" para ti, algo que han inventado para que aunque sea por unos momentos estés en el limbo de tu imaginación.


Si a todo ello le puedes añadir buena compañía, buenos pintxos y buen vino, realmente visitar el festival de San Sebastián pueden ser unas envidiables vacaciones y un magnifico viaje (¡¡viajes!!) para quien pueda permitirselo. Ciudad y Cine unidos por la magia de la imagen y la ilusión.


Zinemaldia es un momento necesario para cualquier soñador, para cualquier viajero, para cualquiera con deseos de conocer e imaginar lugares, historias, y pasear por sus ensoñaciones y las de otros y otras. Es la emoción de "apostar" por películas desconocidas que quizá nunca llegue a ver nadie fuera de allí, la de usar tu intuición para buscar tus deseos en la pantalla que "invade" algún director y sus actores, casi sin previo aviso, o tratar de adivinar los deseos y ensoñaciones de los/as autores. La emoción de ver cuatro o cinco películas en un día y andar callejeando por la ciudad buscando nuevos sueños cuando aún no se han desvanecido los de la anterior película. También es la sensación del privilegio de ver con antelación lo que tiempo más tarde podrá ver todo el mundo y poder contárselo y compartir con ellos todo lo que te ha provocado. Es la emoción del privilegio de ver películas que tras el festival solo vayan por circuitos exclusivos y minoritarios, trabajos que permanecerán en tu recuerdo unidas a ese olor a madera del Kursaal, a esa luz de las mañanas de Donosti a la vera del mar, y a esa sensación de complicidad con el resto de espectadores que disfrutan de estos privilegios. O aún más,  como no, el privilegio de la sensación de las miradas y sonrisas de los actores y actrices, directores y directoras que se acercan, como si salieran de la propia pantalla, buscando en nosotros esa aprobación, esas opiniones y sensaciones, queriendo "arrebatarnos" algo (que para ellos debe ser muy preciado), como lo que sentimos en ese momento tan mágico de la finalización de una película... escudriñando en nuestros gestos y comentarios para descubrir si lo que ellos/as sintieron y desearon al hacer la película, está ahí y nos acompañará también a nosotros.


Por si solas estas sensaciones, esa conexión entre autores/as y espectadores/as, en medio de un paraje idílico, ya justificarían visitar el festival. Pero en lo estrictamente profesional alberga un gran trabajo de selección y organización que busca ofrecer una amplitud de miradas (https://www.sansebastianfestival.com/es/). Por desgracia es inabarcable tanto cine (unas 100 películas) en apenas una semana y cinco localizaciones con sus salas, y la desazón por la película que dejar de ver te invade en ese crítico momento en que te pegas el madrugón para comprar las entradas de toda la semana (en los "tiempos TIC" el domingo anterior al comienzo al festival es el momento clave para la cuadratura del círculo de encajar secciones, salas y horarios por los que deambular durante el festival). Las secciones han ido variando a lo largo de la historia y ahora mismo permiten un abanico de miradas que van desde las propuestas de "nuevos directores/as" hasta la sección más "indie" y desregulada y sorpresiva, Zabaltegui (apodada Tabakalera recientemente porque ese es el nuevo espacio de cultura contemporánea de la ciudad), pasando por la sección para películas de América latina ("Horizontes Latinos") y la sección "Perlak" con "joyas" de otros festivales o rescatadas del anonimato (y que son largometrajes inéditos en España). Secciones que son completadas con la sección "Made in Spain", que más reducida que antaño ofrece una ventana a cine hecho en España ya estrenado pero no muy conocido internacionalmente o que ha sido muy bien acogido durante el año anterior al festival. Entre tanto obviamente está la Sección Oficial en la que están las películas que optan a la Concha de Oro como mejor película y resto de premios a los integrantes de esos trabajos. Las tres secciones más recientes están dirigidas a ofrecer espacios para miradas más rupturistas (¡¡o quizá no!!). Por una parte a ofrecer un espacio a estudiantes de cine mediante la proyección de algunos cortos (Sección "Nest Film Student"), por otro un espacio para filmografía sobre cocina y gastronomía ("Culinary Zinema"), y por último Zinemira como sección para trabajos producidos en Euzkadi (y con contenido en euskera). Todos tenemos nuestras secciones preferidas, aunque en realidad una buena película lo es igual la ubiques donde la ubiques. Aunque sin duda disfrutar de películas no muy difundidas o apoyadas económicas y compartir una presentación y debate con sus protagonistas y autores/as, es el mayor privilegio que ofrece Zinemaldia, y si es en alguno de los dos edificios en que se divide el Kursaal mejor que mejor, porque el olor y el crujir de las maderas ante el paso acelerado del público que pugna por el mejor sitio, por el autógrafo, o que simplemente "escapa" para alcanzar la siguiente película en su particular "guion festivalero".


En fin, ritos y tradiciones, pero también innovación, buenos paseos, excelente comida y compañía, y buen cine... pero eso queda para otra entrada. En la próxima os contaré de algunas películas que prometen (más allá de lo que los jurados dictaminen).


Cuentan que a veces, cuando uno está agobiado por la monotonía, la desazón o la vulgaridad, recuerda su paso por el festival y sueña con poder volver a ese lugar... y permanecer allí entre las piedras señoriales, la arquitectura de cristal, el rumor del mar... y las ensoñaciones de unos cuantos afortunados y envidiados "constructores de sueños".

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