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ZAIDÍN ROCK 2018

ZAIDÍN ROCK 2018

Contra el viento y la marea

Juan Jesús García nos detalla en esta crónica todo lo acaecido en el más longevo de los festivales gratuitos de nuestro país, el Zaidín Rock, por el que pasaron grupos tan variados como Muchachito, Hora Zulu, Carmencita Calavera, Vúfalo, Trigo Sucio, Mojinos Escozíos o María del Mal, entre otros, y que se vio amenazado en su tercera jornada por la lluvia.


Redactor  JUAN JESÚS GARCÍA  |  Granada, 16/09/2018


Jornada del jueves: María del Mal resucitaron en el Zadín


Treinta y ocho años contemplan los conciertos del Zaidín, desde que a Isidro Olgoso se le ocurrió fundar el que ahora mismo es el festival gratuito más longevo de este país. El antiguamente conocido como Promorock, destinado a ofrecer a los grupos noveles (ahora "emergentes") la posibilidad de usar un escenario grande ha sido el primer concierto de "los" FESTIVALES DEL ZAIDÍN (porque son tres, y en su momento hasta seis). En el caso del viernes, hizo bueno su antiguo nombre convirtiéndose en un muestrario de producción made in aquí al 75 por ciento, ya que tres de los cuatro implicados eran "cultivo de proximidad". Todo un ahorro de CO2 además de darle cancha a los vecinos.


Con una puntualidad inaudita en un festival hasta hace poco relajado en estas cuestiones, asomó el grupo inaugural de este año: "somos Knowing Fools y a partir de ahora espero que nos conozcáis", dijeron al llegar y continuaron: "tocar aquí es un sueño, espero que participéis de nuestro sueño". Con mucho más público del habitual de apertura, el quinteto sonó con un poderío impropio de una banda reciente, dos guitarras ametrallando riffs continuos y ocasionalmente doblados sobre una base metálica ajustada a estilo, todo muy de acero "brexitano", con un cantante hiperactivo y elástico, tanto en garganta como en cuerpo, de los que agitan a las masas. Todo un ejemplo de que Granada es ciudad del rock, pero de rock-rock, no sólo de indie "orgánico", parafraseando a Gramsci.


El segundo ejemplo que ratifica al viejo filósofo italiano fue el de Knights of Blood, añadiendo de paso una portavoz femenina en una noche propensa a la testosterona. Con una apariencia más grave y oscura, los de Cuervas del Campo se mueven en el sector del metal más espeso, con momentos muy melódicos para compensar la pelota de bombo. El castellano de sus temas les hace muy accesibles, y además las temáticas ("en un mundo donde nos seleccionan para ser un engranaje..."¿Les suena?) permiten que sean actuales y compartibles. Mireia Fontanarrosa, su solista, es una suerte de Doro meridional con mucho terreno por delante. Con temas como 'Zombies' (un hit) se metieron el público en el bolsillo y lo dejaron en el punto de cocción perfecto para María del Mal, si bien los de El Padul no necesitan de muchos preámbulos ya que este verano les está yendo tan bien en su regreso que están pensado en... sí, efectivamente, quedarse.



Como si fuera a propósito, en el sonido de ambiente Miguel Ríos saludaba "a los aliados de la noche" dando la bienvenida a María del Mal, aguerridos representantes del rock granadino de los noventa, un rato en los dos miles y definitivamente de ahora. Presentados por Paco Burgos, dedicaron su actuación a los ausentes: Pablo Román, Isidro Olgoso y José Ibáñez "Carromato", respondidos por el público por el grito de guerra: "caaaarromato, caaarromato". Ha habido pocos "frontlines" como Dani María del Mal, entusiasta, empujador y voceador de voz rajada hasta la afonía "y la demagogia, ponlo, pero es que es que es verdad", dijo. Ellos fueron los representantes granadinos del rock "radical" andaluz, y en eso siguen que temas como 'Tiempos mejores', 'Aprieta los dientes' o 'La pared', con los que abrieron rondando la medianoche, siguen siendo vigentes. Brutales.


Para finalizar la primera de las tres noches, 10.000 personas esperaron a El Sevilla y los suyos.



Jornada del viernes: La noche en que Carmencita brilló tarde


Con el lleno completo que propició la noche anterior el tándem María Del Mal y Mojinos Escozíos, estos últimos convertidos casi en un show monográfico de su cantante El Sevilla (¡más superstar que nunca!), cabe retomar el debate sobre el espacio de los Festivales del Zaidín, que para noches multitudinarias se queda francamente pequeño por la limitación de aforo al ser un espacio encajonado. Aquel parque "rockódromo" sugerido sigue en el departamento de proyectos irreales mientras que ya son dos los festivales que tienen que irse a la mitad de la nada en el Cortijo del Conde.


Mientras tanto el personal se aprieta ante el escenario entre los palacios de deportes y el de fútbol, y en el otro extremo del tubo, mientras (cuentapersonas en mano), casi se llega al límite a partir del que lo legal es el "uno/a sale, otro/a entra". Y delante de los Mojinos Escozíos, esa formidable banda de blues rock dedicada a la caricatura cuartelera bufa (no, lo siguiente: enriqueciendo el clásico "cacaculopedopis" con una buena andanada de eructos cuaternarios), pues la presión en la primera fila era para ponerse morado de amnea. Curiosamente un grupo no apto para horario infantil pero con una primera fila repleta de chavalería; unos bien protegidos con auriculares y otros, muy irresponsablemente, a tierno tímpano directo.



Al fin es viernes


Uno de los números de equipo "sevillista" versaba sobre los beneficios físicos y morales del licor anisado, pero ay, para criarse entre el dulce y seco ya están Trigo Sucio, de Rute (aunque con refuerzo granaíno). Fueron los encargados de abrir el viernes. Y a la hora en punto, que la regiduría de Fátima Rodríguez es de una exactitud implacable propia de otras latitudes. Si el lema de los trigueños es "lo mejor siempre está por llegar", está claro que apuestan por el optimismo irreductible. Son ocho en escena con doble mascarón de proa. Tropa que le da sin solución de continuidad a la rumba ("gatoperezuna"), los brillos balcánicos y toda suerte de ritmos caribeños, desde el saltarín reggae a la timba cubana, con una sección de metalistería digna de los mejores tiempos de La Fania. "Cuando uno pierde el miedo gana la vida" cantan, que tampoco es mala reflexión, y más si sueltan luego el partisano 'Bella Ciao'. Con ellos, la gente que goteaba sobre un recinto diáfano entraba ya bailando.


La segunda noche del Zaidín siempre se llamó la "noche mestiza", aunque en realidad es ya la noche "mezclada" porque el salserío mental de Trigo Sucio y la descarga de rock de grueso calibre "mestizan" como el agua y el negro aceite motor. Por ejemplo. Vúfalo (con uve para marcar las distancias) arrancaron con una suite creciente que se deja caer en el momento más álgido. Para luego retomar una pulsación musculada para la que no hay posibilidad de resistencia ('Tiembla'). El jueves hubieran estado entre los suyos porque manejan todos los palos del rock como si fuera una baraja (sin hacer trampa) e incluso buscan melodías por momentos soterradas entre guitarras inquietantes y una indisimulada vocación progresiva. No son fáciles ni aunque lo intenten, si bien tienen en 'Cara de idiota' un single puro.


Carmencita superstar


Como la noche anterior, el 'Bienvenidos' "miguelriosiano" sonaba cuando madame Carmencita Calavera calentaba voz y agilidad (esta chica es un muelle) momentos antes de volver a pisar el escenario zaidinero, donde ya estuvo en su reencarnación anterior, La Barca de Sua. Camino de la medianoche y estrenando un vestido de lamé irisado propio de fechas más "freixenet", la burbujeante cantante de 'Moderna de pueblo' abrió la puerta del 'Circo del Horror'. Abundando en ese punto tan tex & mex & roll que la acerca cada día a una Lila Downs rocanrolera y que llega a su máxima expresión con 'Calavera', donde realiza un deslumbrante ejercicio vocal de decir amén. En la trastienda, el trompetista de Muchachito añadía a la par un fraseo que... uf!, iba perfecto para ellos o Los Coronas. Toda una estrella de cuatro puntas.



Jornada del sábado: Días de lluvia y rock


Incompatibles, lluvia y rock nunca podrán vivir juntos, por más que la leyenda del festival de Woodstock tenga entre agua y barro sus mejores instantáneas. Allí medio millón de personas invocaron al cielo que parase de regar cantando a coro el 'Let the Sunshine In' (del musical 'Hair'), y parece que funcionó. También son legendarias las imágenes de los Rolling Stones en julio de 1982 cuando una tormenta descargó sobre las 60.000 personas que disfrutaban de su concierto, y ellos salieron hasta el borde del escenario cubierto para mojarse también, absolutamente solidarios con su gente; ya entonces la novedosa tecnología inalámbrica permitía hacerlo sin riesgos. Prescindir de cables permitió también a Roger Waters en Atarfe confirmar que el espectáculo nunca se puede detener, por más que el marrano volador no despegase y se convirtiese, convenientemente descuartizado, en un memorable suvenir de aquella noche de "floyds" y paraguas. 091 chapotearon en el barro del albero cuando resucitaron en Granada, y por último, el tiempo de demora mientras se secaba la "PA" tras un chaparrón fue aprovechado en su momento por un Andrés Calamaro para ir a una corrida de toros.


Más cerca en el espacio y el tiempo no es grato recordar el final de un modelo de festival que ahora mismo es el estándar de éxito, y que fue diseñado en Granada: el pionero Espárrago Rock. En su "exilio" jerezano, buscando nuevos y más amplios horizontes, el año 2000 sufrió la maldición de una décimo tercera edición, y eso que era la anterior. Un vendaval de agua y viento produjo no solo una debacle artística y humana, enfangando a 17.000 espectadores, sino también económica, lo que llevó a la suspensión de pagos y la desaparición definitiva de la marca. Algo parecido ocurrió también con el Barbarian Rock, en Pinos Puente, en cuya primera y única edición sólo pudieron actuar unos imberbes Mago de Oz, antes de que rayos y truenos cayeran encima con absoluta profesionalidad natural. Y hace apenas medio año el Bull se salvó in extremis saliendo a flote en el último momento casi sin mojarse. Y sí, septiembre es un mes impredecible meteorológicamente hablando, y también lo saben en el Festival del Zaidín, cuyos programas de 1990 y 1996 sufrieron los efectos de la "gota gorda". Meteoro que volvería a hacer de las suyas en mitad de la vigésimocuarta edición, cuando unas asustadizas hermanas Llanos (Dover) huyeron del escenario, mientras que un titánico Jorge Martínez, chorreando, solo en el escenario y desoyendo la señal de retirada de su manager, concluyó su actuación entre el insólito efecto visual de miles de gotas de agua iluminadas como luciérnagas a su alrededor. Y es que ser "ilegal" a tiempo completo supone subvertir también las leyes de la naturaleza.



Zaidín 5 Borrasca 0


Pero a pesar de un día poco apto para rocanrolear, todo estaba preparado en el tercer Zaidín para comenzar:"lo peor no es la lluvia, es más preocupante el aparato eléctrico", comentan en la producción, por el gigantesco esqueleto metálico que sustenta todo. Aunque lo peor de todo es la disminución de asistencia. El primer frío húmedo de la temporada retrae al no estar los cuerpos acostumbrados todavía. Simplemente no apetece salir, mejor quedarse en casa y estrenar calcetines con un caldillo que entone. Y más si hay fútbol, por más que la selección española intente huir de la época del "A por nosotros oehhh!".


A media tarde en el Zaidín todo era fe, esperanza, y plástico, todos agarrados a esa predicción que decía que a primera hora las nubes darían tregua. Plásticos cubriendo todo el aparataje, secadores como bazokas evaporando el suelo y los horarios pasados por agua. La tarde de pruebas fue imposible y, a la hora habitual de comienzo, el equipo y los racimos de focos estaban secándose.


En la zona de camerinos los grupos esperaban concentrados la solución organizativa, y ellos solidariamente, antes de que un ERE se llevaran del cartel a los más débiles, admitieron un notable recorte en los tiempos de actuación para que todos pudieran tocar, y un cambio de orden de forma que Hora Zulú quedaron en primer lugar... cuando se pudiera. El Zaidín no se rinde: Zaidín 5, Borrasca 0, pero con paciencia.



Como premeditadamente en la música ambiental sonaban Los Módulos con su proverbial "pienso que ya llega la hora, que dentro de un momento..."...tocaremos al fin, se podría añadir.


Lo mejor de tanta demora fue que, cuando por fin Hora Zulú subieron al encharcado tablero, más de cinco mil personas los estaban esperando. Y es que los de Aitor Velázquez y Paco Luque (con Alex y Javi) son una banda "grande". Flanqueados por dos Hamsas árabes para señalar la denominación de origen, las letanías metálicas, de piezas "hit" como 'Mis barraqueras', 'Tango', 'Agua de mayo' o 'Andaluz de nacimiento' fueron auténticos torpedos, más recitados que rapeados, y coreados con fervor por las cien primeras filas de espectadores. Espectacular salida para un Zaidín que venció a los elementos.


¿Suspensión o no suspensión? Es la cuestión


"¿Suspendemos?" Esa es la pregunta fatídica que todo organizador se hace cuando los chuzos caen de punta, canto y mango. Y no es fácil determinarlo. De la respuesta depende el trabajo de casi un centenar de personas en el Zaidín, más el acuerdo posible o no con suministradores y bandas, algunas acceden a repetir fecha cobrando solo gastos, pero otras no, y los equipos no admiten demora. En el caso de inundación, no siempre el seguro (de haberlo) se hace cargo de todos los gastos contraídos, depende de muchos dependes: actas notariales, pluviosidad oficial mínima... Sin hablar del público que mayormente va a reclamar la devolución las entradas, algo lógico cuando el concierto no arranca, pero de derechos más difusos una vez comenzado el espectáculo. Mejor no, no suspendemos.

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