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Director: Santiago Segura
Intérpretes: Santiago Segura, José Mota, Javi Gutiérrez, Yvonne Sció, Carlos Latre y Tony Leblanc
Primero imperó Torrente, el brazo tonto de la Ley, una cinta que mezclaba con habilidad la estética de cómic, las tendencias del cine mundial de finales de los noventa y el españolismo de la comedia de los sesenta. Segura, uno de los mejores actores de la historia de nuestro cine, había creado un personaje que posee todos los vicios posibles. Todos nos vimos identificados y hemos sido capaces de imitarlo. Luego vino Misión en Marbella, acercándose más al cine de Ozores en esta segunda parte. Han pasado cuatro años y medio y Segura ha adelgazado unos cuantos kilos.
Se recupera la saga más taquillera del cine español con Torrente 3, el protector. Continúan las premisas de los anteriores. Torrente es machista, fascista, racista, alcohólico, putero, violento, algo chorizo y del Atlético. Posiblemente el personaje más guarro escrito jamás para la historia del cine.
Los cameos sustituyen a los secundarios y, a veces, funcionan (véanse Fofito, Fabio Testi, Tony Leblanc, Javier Gutiérrez o el mismísimo Fari que está en los cielos) y otras no, (mírese el caso de José Mota y Carlos Latre).
Pero también tiene los mismos defectos que las anteriores: la formación de gags se caen el tramo de la película en que hace acto de presencia el argumento como hilo conductor. Pero a Segura no le hace falta contarnos una historia ya que los diálogos están llenos de ingenio y su personaje posee tanta clarividencia que se le perdona todo. La cara dura, el desparpajo y la frescura siguen vigentes. Torrente 3, a pesar de ese evidente bajón, sigue siendo uno de los baluartes de este nuevo cine nacional y la mejor forma de partirse de risa delante de una pantalla.
Esta nueva visión del astracanismo, casposo y guarro, creado sobre la base de la tradición de la comedia española, toca la fibra del espectador exclusivamente ibérico. Ha actualizado el género y nos hace reír con productos orgánicos, momentos escatológicos, meteduras de pata bochornosas y, sobre todo, imaginación. Quien no vea el cine dentro de Torrente está ciego. Con el mero hecho de conseguir que el protagonista caiga simpático a todo el país es un milagro que parte desde la cinefilia.
Rafa Rus
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