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Hong Kong - Singapur
Directores: Danny y Oxide Pang
Intérpretes: Shu Qi, Jesdaporn Pholdee y Eugenia Yuan
El nuevo cine de terror asiático invade occidente gracias al apoyo de los espectadores, buscadores de historias oscuras y al envejecimiento del cine americano, repitiendo una y otra vez las constantes de este tipo de género. Chinos y, especialmente, japoneses han sido grandes productores y consumidores de historias fantasmales y relatos inquietantes. El mercado siempre ha estado lleno de estos productos, pero nunca salían de aquel continente. Pero la industria percibió grandes posibilidades en el mercado occidental. El cine de acción ya había dado un giro hacia oriente y ahora le tocaba a otras propuestas diferentes. Así nació The eye, de los Hermanos Pang. El éxito de la primera parte empujó a esta segunda, en la que una embarazada ve algo más que vivos a su alrededor.
El éxito de la propuesta oriental radica en la familiarización del terror, llevándose todo el trabajo a casa y entrando directamente en el domicilio de los protagonistas, en la sencillez de las propuestas, casi sin efectos digitales, apoyando los elementos en el sonido y con mucho maquillaje. Una y otra vez se repiten los mecanismos narrativos y The eye 2 no está exenta de esta moda que hace tiempo que no inventa nada. Aunque los Hermanos Pang articulan a la perfección esas bases y se mantienen por encima del terror asiático, The eye 2 sigue enmarcada dentro de un grupo de películas que parecen clavadas.
The eye 2 es más occidental narrativamente hablando y asusta con la inquietud de una historia vista más de una vez. Muerta ya la originalidad en la puesta en escena, por ser segunda parte, nos damos cuenta que la estética y el contenido no pertenecen a Hong Kong, sino que retoma las claves del género. En realidad no salimos de la estética generalizada donde se crea una espiral de suspense basado en desenfoques, trasparencias y, sobre todo, efectos sonoros que alteren la realidad e inquieten al espectador. The eye 2 consigue en algunos tramos incomodar con lo que no podemos ver, pero en su línea general nos encontramos con una historia insulsa que se ha visto beneficiada por el fenómeno social que supone el terror asiático en el resto de las cinematografías.
El público potencial, deseoso de pasarlo mal con historias tocadas por el suspense, sigue siendo el mismo que se vendía a los efectos terroríficos de la industria americana. Ahora la propuesta es más sencilla y tiene los ojos rasgados, pero ¿cuándo podremos ver otra película que difiera de las demás?
Rafa Rus
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