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Gran Bretaña
Director: Neil Marshall
Intérpretes: Shauna MacDonald, Natalie Mendoza, Alex Reid, Saskia Mulder Y Nora Jane Noone
El director británico Neil Marshall sorprendió con Dog soldiers, un filme sin excesos de efectos, donde no había secuencias de fuegos de artificio, ni pechugonas universitarias. Había creado un terror artesanal sin hacer muchos aspavientos. Gracias a la licántropía y al desconocimiento de los personajes, creó una situación de angustia acrecentada por enmarcarlo todo en un lugar cerrado, limitando el espacio. Sin ser la panacea que reinventaba el terror, hizo vibrar al público con nuevos elementos. Triunfó en los festivales de cine fantástico de medio mundo gracias al escaso nivel esgrimido por el género.
Marshall vuelve, en The descent, a las premisas de su anterior película. Escoge un reparto desconocido, esta vez con seis chicas, un poco de cinismo, mucha sangre hasta retorcerse en el gore e imaginación en la fórmula, que no en la formación del terror. El acartonamiento del género permite ofrecer algo diferente con muy poca novedad. Vuelve a encerrar a sus personajes en un lugar claustrofóbico y continúa con una amenaza desconocida. Pero lo peor no está en las criaturas, en esta cinta humanos adaptados a la oscuridad que se han mantenido con el paso de los años, sino a las tensiones entre compañeras. Por eso puede generar más tirantez la película sin salirse de unas normas propias del género.
Lo que nunca debe faltar es la sangre, elemento hemoglobínico indispensable para darle color al asunto. Y a partir de aquí no marear mucho la perdiz. La inconsistencia de los entes, de su sexteto protagonista, que apenas dibuja personajes, y de un final que debe cerrar el espectador, mucho pedir para el tipo de asistente que invade las salas en estas producciones, impiden que The descent llegue más allá y se quede en una mera película de susto. Es evidente que la situación cerrada de las cuevas ofrece un elemento claustrofóbico más a los ya sumados. Pero no cuadra ni la estructura general, con demasiado tiempo hasta la aparición del mal y excesiva aglomeración una vez surgido, ni la creencia general de la película. Se queda en un intento, lo que es bastante loable, ya que la industria se ha encargado continuamente de destrozar el género. Por lo menos es una apuesta que arriesga, que ya es mucho pedir en el cine contemporáneo.
Rafa Rus
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