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EE.UU.
Directores: Eric Darnell y Tom McGrath
Animación
Hablar de los avances de la infografía en el mundo de la animación es una tontería en los tiempos que corremos. Nació como una alternativa al lápiz y fulminantemente asumió que era la manera más rápida de acercarse a la realidad. Pero, una vez superado esta fase y asesinada la animación tradicional, se encamina a ser una disciplina de diseño como ha sido el dibujo en los noventa. El mercado está abierto y Dreamsworks ha apostado, desde el principio, por este género. Una de sus muestras es Madagascar, un filme que narra el viaje a los orígenes de cuatro animales que se han criado en un zoológico y se encuentran con un hábitat salvaje que no saben dominar.
Ahora los personajes imitan una estética de los cuarenta, perdiendo cierto realismo y ganado en slapstick. Un guión lleno de tics americanizados y supuestos infantiles rellenan la acción con chistes malos para que llegue a los niños con su simpatía. Las aventuras se sobrecargan hasta la irritación por culpa de un matiz irónico que ensucia toda la historia. La imagen y los volúmenes de estos mamíferos están especialmente cuidados, dándoles personalidad a pesar de alejarlos de la realidad, pero sus algunos de sus gags carecen de sentido, o por lo menos adulto.
Puede que Madagascar sea técnicamente perfecta, que la imaginación inunde la concepción física de los animales y que la idea de un sitio utópico como centro de la acción y el desconocimiento están bien conseguidos, pero el devenir de personajes y su intrascendencia deja en poca cosa a esta cinta.
Esta tridimensión espectacular creada por ordenador siempre debe de cuidar la historia para que no caiga por sí sola. El gran público está aburriéndose de esta técnica y llegará el momento en el que se tengan que fijar en un guión consolidado para que salga algo digno. El éxito de Lasseter está en su dibujo, pero, sobre todo, en la creación de personajes y en sus guiones llenos de ingenio. La creación de leones de melena cuadrada, cebras cuadrangulares o jirafas con problemas en el cuello ya no es lo primordial en el proceso creador de un filme de animación. Como en El Mago de Oz hay que buscar alma y corazón para estos bichos. No hay peregrinaje por el camino de baldosas amarillas.
Rafa Rus
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