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Director: Quetin Tarantino Intérpretes: Uma Thurman, Lucy Liu, Vivica A. Fox y Daryl Hannah
Nadie entiende el retraso de Tarantino. Siete años son muchos para un independiente que se encuentra en la cresta de la ola. Y vuelve con un filme tan largo que debe dividirlo en dos partes para... ¿hacer taquilla?. Kill Bill es la respuesta esperada, la película sacada de la mente cinéfila de Tarantino, el resumen total de la serie B de todo el mundo. Un poco de aquí, otro de allí, una incancesdente Uma Thurman y mucho riesgo han servido para devolvernos a ese cine independiente americano que se alejaba de las formas maniqueas de la industria y de la sobriedad del cine europeo para crear personalidad propia desde la serie B. Y es desde aquí desde donde parte Kill Bill, que no esconde lo grotesco, que se ríe de sí misma con la exageración, que bebe de un montón de fuentes para tomar personalidad propia.
Tarantino ha recogido secuencias de la serie B de Hong Kong, del cine de Sony Chaba, de lo mejor del cine de samurais japonés, del Manga (con una secuencia antológica de varios minutos), del spaghetti-western, y más concretamente de los duelos de Sergio Leone, del blaxplotation negro y de los seriales televisivos de los años sesenta americanos. Con tremenda herencia poco se podría hacer, pero Quetin organiza una orgía de sangre y vísceras desde una historia mínima, que queda explicada a medias, y la personalidad propia del director. En Kill Bill cada escena es un mundo, cada personaje lleva su propia narrativa, cada secuencia sorprende. A pesar de traspasar los límites de lo razonable, Tarantino marca una fábula imaginativa e intransferible de una leyenda que puso en escena Truffaut en La Novia vestía de negro, marcando las diferencias abismales, por supuesto.
El cuarto largometraje de Tarantino es fresco, innovador y, sobre todo, divertido. Camina con su propio ritmo y su propia dinámica personal. Un chorreón de sangre puede tener chispa y la amputación de un brazo puede parecer un chiste, según como se lo tome y esperando que a uno no le pase. El enfant terrible del cine independiente americano vuelve con todos los fuegos de artificio, con el compendio de lo mejor del cine falseado, con hallazgos narrativos por cada secuencia. Salvaje, demoledor, con olor, sabor y color rojizo de la sangre. Apenas a descubierto el pasado de esa novia asesinada y todavía tenemos ganas de saber el resto que llegará dentro de tres meses. Vuelve el mejor Tarantino... y lo hace acompañado de Uma Thurman.
Rafa Rus
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