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E.E.U.U.
Director: Ridley Scott
Intérpretes: Orlando Bloom, Jeremy Irons, Eva Green,
Liam Neeson, David Thewlis y Edward Norton
Ridley Scott, famoso creador de ambientes venido a menos, se encargó de resucitar el péplum para ofrecernos, en Gladiator, la historia de Máximo, un general victorioso que intenta vengar la muerte de su familia a manos del Cesar. Lejos de toda lógica, la cinta arrasó en taquilla y en la entrega de los Oscar. El péplum es el género mítico por el que los romanos y culturas clásicas eran revisados con un rebozamiento de aventuras y traiciones. El género murió por culpa de un exceso de costes en las superproducciones y un desgaste continuo gracias a subproductos de musculosos actores que provocaban la histeria de la comunidad gay. Ahora Scott, con El Reino de los cielos, vuelve al género con una variante localizada en plena Edad Media, concretamente en las Cruzadas, rodadas, en parte, en España. Allí Balian, hijo bastardo de un caballero aristócrata, se convertirá en héroe tras defender Jerusalén.
La Edad Media es oscura, demasiado lineal, guarra, empañada por la sombra de la peste. Su estética tenebrosa ensombrece la marca característica del péplum tradicional. Scott ha optado por la maximización del espectáculo por encima del resto del metraje y para ello no se ha dejado amedrentar por costosos efectos digitales que recreen batallas infinitas y algunas catapultas de pegote digital para gloria de los espectadores. Pero el director se pierde en un maremagnum histórico, una ridícula visión de la época y un sentido del rodaje de una batalla que merecería revisar la filmografía de Kurosawa.
Scott ha contado con un reparto impresionante, con un lunar negro como protagonista, tal y como pasó en Gladiator con Joaquin Phoenix, y grandes secundarios arropando la acción. La desnaturalización infográfica, la natural generada por el equipo técnico, el tedio de una historia que no funciona y el cinemascope, que esta vez no puede asegurar el espectáculo, traspasa la lógica incultura de la sociedad americana, con una falta total de base histórica que se encargan día a día de machacarla.
La Tierra Santa y la vuelta del inagotable Scott no consiguen el pulso necesario para una empresa tan difícil como la Edad Media. Ni Cristo aprobaría la masacre de aquellos lejanos años, ni Saladino certificaría la pinta que tiene en este trozo de celuloide.
Rafa Rus
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