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España
Director: Guillem Morales
Intérpretes: Andoni Gracia, Mónica López y Agustí Villaronga
Parece mentira la capacidad que tenemos para hacer películas mejor que los americanos. Por ejemplo: En el thriller psicológico los americanos nos venden una y otra vez la burra con finales absurdos de ciento ochenta grados que se telegrafían, pero este fin de semana se ha estrenado en nuestras pantallas El habitante incierto, ópera prima de Guillem Morales que sale de las normas establecidas para adentrarse en una película de género muy distinta, inquietante, con un final sorprendente. Sin apenas publicidad y de una distribuidora pequeña, la cinta parte de una premisa sencilla que sorprende. Un hombre se mete en la casa de otro para hacer una llamada y desaparece. A partir de aquí el dueño de la casa sospecha que vive con él.
El estilo del género se pierde para angustiar con otros elementos muy diferentes. Rescata el agobio y claustrofobia esgrimida por Polanski para Repulsión. El desarrollo en la interiorización psicológica de los personajes, en la forma de hurgar en mentes ajenas y en la suya propia, perfectamente dibujadas, ejerce una relación interesante que muestra desde dos puntos de vista contrapuestos. Primero de aquel que sospecha y, con posterioridad, de la garrapata que se mete en vida ajena. Sin ser una panacea del thriller psicológico y manejando una coherencia narrativa, que no deja hilos cortados, Morales ha jugado con una compleja estructura donde se completa el círculo en la resolución final.
Aunque con cierta simplicidad en la puesta en escena, la ambientación conseguida se hace asfixiante. El retorcimiento de los personajes no se rompe con unos drásticos cambios de ritmo. Aunque lo parezca no hay partes insustanciosas e irrelevantes. Morales ha sabido alimentar a la perfección un thriller asfixiante, género difícil controlar, para adaptarlo al formulismo de nuestro país. Ha contado una historia de locura y pasión con un estilo correcto y resolutivo, no exento de peros. La cabeza del espectador se pone en marcha. Se ha creado un puzzle fílmico y, sin ser una maravilla, es un magnífico ejemplo de cómo se hilvana un guión. Muy por encima de los productillos de mercado.
Rafa Rus
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