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Dirección: Iciar Bollain
Intérpretes: Laia Marull, Luis Tosar, Candela Peña, Rosa Maria Sardá.
España 2003
Con una rápida y reveladora huida del domicilio familiar a golpe de zapatilla de paño, arranca la tercera película de la realizadora Iciar Bollaín. Un halo de luz que se ve al fondo de un oscuro túnel que lleva hacia la locura y la degradación moral y humana a la que se ve sometida una persona de las muchas que vemos diariamente por la calle, convertida en el film en heroína anónima, y a la que por desgracia se le pueden asignar muchos nombres de mujeres maltratadas en este país por sus cónyuges. Y es que, precisamente la espléndida "Te doy mis ojos" es un certero y esclarecedor puñetazo en las pupilas de los espectadores sobre el sangrante problema de la violencia física y psicológica en la pareja . Mitad cine social, mitad cine de terror, la cinta profundiza en esta herida de manera intimista, directa y sensible, sin caer en simplistas dicotomías o en innecesarios maniqueísmos.
A través de una puesta en escena transparente y sencilla, de esas que muchos aficionados definen como invisible, y que por otro lado se erige en digna heredera del mejor Borau, Bollaín nos transporta a los infiernos personales Pilar, una mujer atrapada en un mundo repleto de violencia y miedo. Angustias existenciales y familiares perfectamente dosificadas y mostradas gracias a su elaborado y admirable trabajo de guión, firmado por la propia realizadora y Alicia Luna, que hace que muchos se incomoden en su butaca, debido a la asfixiante atmósfera de tensión que se crea.
Mención aparte merecen el grupo de actores que dan vida a tan atormentados personajes, destacando por encima de todos su reveladora pareja protagonista premiada en San Sebastián, de donde sobresale con voz propia, Laia Marull, favorita sin duda para los inminentes Premios Goya, que dota a su interpretación de un magnetismo especial, gracias a sus prodigiosas dotes para saber interiorizar y expresar con silencios, pensamientos y reflexiones surgidas desde lo mas profundo e interno de su ser. Con un modesto presupuesto económico y mucho talento, Bollain ha conseguido realizar un film inteligente, necesario y sutil, sobre un tema difícil en el que la violencia y el amor, sin pretensiones filosóficas, pueden ser la cara y la cruz de una misma incapacidad.
Javier Extremera
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