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Dirección: Mike Newell
Intérpretes: Julia Roberts, Kirsten Dunst, Julia Stiles, Marcia Gay Harden.
EE.UU. 2003
Titulo Original: Mona Lisa Smile
Regresa a nuestras pantallas después de una larga y reconfortante pausa profesional la actriz mejor pagada de la historia del cine, que responde al nombre de Julia Roberts, mitad estrella del firmamento hollywoodiense mitad novia de América, que vuelve por sus ya trillados y manidos fueros en la -seguramente para muchos- reaccionaria y sumamente empalagosa "La Sonrisa de Mona Lisa", un nuevo vehículo de lucimiento prefabricado centímetro a centímetro a la medida exacta de la millonaria megaestella. Muchos verán en este nuevo producto acaramelado, encorsetado y descaradamente mercantilista, una variación de sexos de la digna"El club de los poetas muertos". Una película ésta que cuando se compara con la cinta de la Roberts, no hace sino agrandarse.
Ambientada en un colegio de remilgadas y asustadizas señoritas de bien en la conservadora Norteamérica de los años 50, dominada por la caza de brujas, el anticomunismo y la salvaguarda moral de toda su población, "La Sonrisa de Mona Lisa" se detiene en la formación educacional y vital de un grupo de jovencitas, -al que se esfuerzan en dignificar
más de lo que se merecen sus personajes- un joven y espléndido plantel de actrices donde destaca Julia Stiles y la virgen suicida Kirsten Dunst, que luchan por arrebatarle protagonismo a su guapa y modélica profesora de arte, interpretada -cómo no!- por la diva de sonrisa kilométrica.
La peliculilla, está dirigida por el tramposo e incomprensiblemente hoy cineasta de éxito entre los devoradores de palomitas, Mike Newell, especialista de empalagosos bombones cinematográficos de enorme calado popular, como ya lo demostró en "4 bodas y un funeral". Y es que, la película se construye a imagen y semejanza de sus primas hermanas cinematográficas. Distinto collar para el mismo bolo de siempre en esta enésima cursilada, que por su contenido y mensaje se erige en evidente monumento a la mojigatería y ñoñería. Algo que por desgracia, no influirá para nada en su exitosa carrera comercial.
Javier Extremera
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