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EE.UU.
Director: Stephen Kay
Intérpretes: Barry Watson, Emily Deschanel y Skye McCole Bartusiak
El tan devaluado terror, suplicio de los que buscaban amparo en el culto de algunas películas de cine, generador de imaginación a falta de dinero para financiación, cuna de la mitad de los directores del Hollywood industrial, se ha convertido en el género estrella de la última década. Hay para todos los gustos, desde invasiones alienígenas hasta casas encantadas, pasando por chambergos asesinos, chalados con hacha o niños martirizados. Pero la forma más habitual es el fantasma de turno que supera, con creces, la estupidez de la tierra para hacernos la vida imposible. Ya no pueden inventar más chorradas para explotar el género, pero se siguen haciendo películas que tienen una carrera comercial respetable. Y es que el público se ha habituado a estas imbecilidades audiovisuales y no puede dejar de tomar su ración semanal. Así nace Boogeyman, la puerta del miedo.
Boogeyman apela a una leyenda para crear un terror a partir de lo sobrenatural. O sea, que a la amenaza no se le ve la cara hasta el final. Tener que luchar contra algo que te agarra es bastante incómodo y más si es el hombre del saco que se esconde en el armario. Pero lo malo no es que todo este embrollo se base en una idea tan absurda como huir durante ochenta minutos del citado malvado, sino tener que aguantar una estética basada en un cambio de plano rápido, donde por supuesto no se ve nada, e incluir una banda sonora llena de chirridos repetitivos y suspiros susurrantes a máximo volumen.
Todo los elementos necesarios para hacer un producto de terror están incluidos en este film que huele a rancio, pero muy mal pegado para vergüenza del género. Una película que se alimenta de topicazos y chillidos, de negritud, de esa que no se ve nada en vídeo, y de irrisorias salidas.
En la oscuridad es una soberana tontería que transforman el terror en comedia por arte y magia de la estupidez a la hora de formar el género. Lo sobrenatural puede ser un elemento esencial para hacer temblar al espectador, pero con esta formación es de cachondeo esto del hombre del armario.
Rafa Rus
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