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Director: Oliver Stone
Intérpretes: Colin Farell, Angelina Jolie,
Val Kilmer, Anthony Hopkins y Rosario Dawson
La transformación de Oliver Stone, desde los comienzos hasta nuestros días, ha sido un comentario constante para cinéfilos, que se dividen entre defensores y detractores. Es verdad que su cine ha variado, tanto estéticamente como de temática, tras su participación y éxito en J.F.K., que varió su montaje para agilizarlo drásticamente, mezclando la ficción con parte documental en una imaginativa forma de narración. Asesinos natos lo radicalizó con planos alejados de la historia y una tormenta de imágenes. Con Nixon esa estética fallaba porque el biópic de un Presidente no es el camino para poner en marcha los modos acelerados. A partir de aquí Stone se radicalizó y fue situando millares de planos en sus películas. El público y la crítica le ha dado la espalda, aunque él sigue creyendo que hace cine de autor.
Si tenemos que tener un referente para Alejandro Magno, una superproducción que ha significado un varapalo de taquilla en Estados Unidos, debe ser The Doors. Stone vuelve al interiorismo de su protagonista, al intento de sacar su alma que nunca llega a definir. A medio camino entre la esquizofrenia y la cordura, su personaje central busca lo absoluto que convierta el plomo en oro y así ponerse a la altura del Todopoderoso. Pero Stone no es un estilista reconocido, su cine es cargante y la narración se hace a trompicones.
Como en The Doors se acerca a una estética más clásica y desde aquí radiografía un hombre amargado que creía tener la razón de su parte. Incluso se permite el lujo de copiar sus metáforas como esa águila que representa la libertad. Exceptuando un par de largometrajes, el cine de Stone posee el defecto de cansar a partir del minuto 15. Peor sí la historia no acompaña como en Alejandro Magno. Una laberíntica estructura, que no llega definirse, entorpece este derroche de dólares.
Pero lo peor de todo no es la indefinición de la cinta de Stone, ni el juego con la bisexualidad, muy común en la época reflejada. Lo peor es la elección de Colin Farell para el papel estelar. Es de tal magnitud la falta de personalidad de este Alejandro el conquistador que Val Kilmer y Angelina Jolie, dos de los peores actores de un Hollywood marchito, se lo comen en cada secuencia en la que coinciden. Todo un desperdicio, como la misma película.
Rafa Rus
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