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Texto y fotos: Juan Jesús García
Stefano di Battista: Charlie 'Parkeroni'
El jazz italiano está logrando una gran relevancia en el jazz internacional y empieza a exportar nombres con regularidad que llegan al gran circuito mundial de festivales ocupando una plaza de media a alta. Apellidos como Rava, Fresu, Bollani o nuestro Battista juegan ya en las grandes ligas, aún sin tener la atención añadida de la pizpireta Spalding. Efectivamente, como decíamos, Battista iba a ser el tapado-destapado del jazz en la Costa este año, y no creo que nadie de los presentes saliera defraudo por (alguna de las partes de) su concierto. Y es que fue un tres en uno en toda regla: la primera parte sobre material propio, 'en modo' bop, a mayor gloria de san Chalie Parker, ya que Battista pudiera saberse de memoria como nadie el 'Omnibook' que recoge todos sus explosivos solos; la segunda presentando a otro joven 'asinatrado' en plan Bublé, 'momento crooner', que, en fin, resultó una agradable pausa para explotar en la cosa de la seducción, el dar fraternalmente la paz o en la adquisición de una fresquita 1929 del lugar. Que se sabe los clásicos quedó claro con un notable 'In a sentimental mood' y su aproximación a 'Round Midnight', ajenas ambas interpretaciones al estereotipo o la vulgaridad (que no es fácil por lo sobados que están a estas alturas) y tuvimos también una buena dosis de agitación 'acid', un segmento, el del club, donde este saxofonista ha entrado también con mucha fuerza.
Veloz con el alto y con mucho gusto en el soprano (tan devaluado por tantos atentados al gusto que han infringido con él), Battista tiene una digitación fulgurante y a la hora de componer se ajusta a estilo: su toque magrebí en 'Esauira' se insirve en una tradición que ya a es un subgénero con vida propia en la historia del jazz. Es preciso destacar el trabajo del excelente organista Hammond Baptiste Trotignon, brazo derecho de este proyecto ya que toma el relevo solista y se hace cargo también de las líneas graves, mientras que el soporte rítmico quedó en manos de Eric Hardland, un músico, por lo escuchado, de toda confianza sujetando el ritmo. Alguna parte del público que llenó el parque botánico de El Majuelo era italiano y al final se entabló un divertido diálogo ente espectadores y músicos que terminaron todos cantando (algunos también bailando) el 'Mack the Knife'. Estaban ustedes avisados, era el tapado del festival.
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