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Texto y fotos: Juan Jesús García
Russian Red: Sabor a 'amoraprimeravista'
Hace un año Lourdes Hernández actuaba en el circuito doméstico de conciertos a domicilio, y a día de hoy hasta el próximo Lehendakari le dedica encendidos elogios o vende medio millar de entradas en Atarfe. No es de extrañar que no se crea lo que le está pasando y ni siquiera encima del escenario tampoco parezca darle mucho crédito a los aplausos: la salva que siguió a 'Cigarrettes' hubiera sido de minutos si ella no los corta. Esta chica enamora a quien se le acerca y es capaz de emocionar hasta la lágrima a un seguidor de Metallica.
Haciendo del minimalismo una de la bellas artes se presentó acompañada por Manuel Cabezali, de Havalina, y Carlos Baustista, multiinstrumentista al que ya habíamos visto por aquí con la Rosenvinge. Tres personas para una suficiente variedad de timbres ya que intercambian posiciones en cada pieza variando continuamente los ambientes sonoros. Pero lo más llamativo de esta timidísima madrileña a la que enmudece la emoción, sobre todo para los que se encontraban con ella por primera vez, es su deslumbrante voz. Como tantos casos hay, su disco parece ser obra de un productor más que de un autor, porque ella se mueve con muchos más registros que el taciturno estereotipo indie otoñal de guardería de su grabación. Con una enorme capacidad de maniobra vocal, pronunciación perfecta y afinación impecable, seduce, embauca y enriquece unas canciones, que por no ser muchas todavía muestran sus límites. Y sí, tienen razón los que la emparentan con aquella Melanie Safka, abuela honoraria de todas las damas delicadas, frágiles, aniñadas y juguetonas que ahora suenan; en su caso con la contemporaneidad post Sonic Youth y un punto de irrealidad que las guitarras elásticas de Cabezali introducen casi como si fuera la banda sonora de una película de Lynch (obviamente firmada por Badalamenti). Dentro de la homogeneidad y las limitaciones de su estilo, los apuntes casi naïf de instrumentos de juguete, un xilófono, una suerte de timple o requinto, añaden simpatía a unos temas que en directo, en algunos casos, muestran su gusto por los destartalados ritmos cabareteros de Tom Waits y sugieren una Lourdes más optimista y encendida que su cedé. Va ser verdad al final que 'las chicas quieren divertirse', como le canta a la colorida Cindy Lauper.
Lo mejor de su concierto es la sensación de que esto no ha hecho más que comenzar, y si ahora ya es así el porvenir pude ser incalculable, para ella y para los que ya la quieren, que lo suyo es puro helado con sabor a 'flechazoinmediatohastaquelamuertenos separe', ¡y de dos bolas!
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