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Texto y fotos: Juan Jesús García
Terrakota: Tan cerca, tan lejos, tan buenos
Los lusos Terrakota dieron la madrugada del sábado su primer concierto granadino, y no será el último, porque sus actuaciones son de esas que circulan de boca en boca y crecen con el tiempo. Es lo que les está pasando en cada presentación española, cuando tocaron en Madrid con Lila Downs (por cierto, a ver si alguien trae a la mexicana de una vez) o en la feria musical de Vic. Así no es de extrañar que la sala Tren rozara el lleno para asistir al estreno de un grupo ¡que no tiene discos publicados en España! En este caso precedidos por los armoniosos Emeterians.
Cuando se habla de mestizaje cuesta salir del estereotipo 'manuchaísta' que ha terminado siendo una plaga, pero hay muchos otros mestizajes, y también están en este mundo. La historia colonial de nuestros vecinos los relacionó sobre todo con el centro-sur africano y ahí es donde Terrakota han encontrado la munición, en la exhuberancia rítmica de un continente donde el abuelo del hombre de Orce inventó la percusión con dos huesos de "bichosaurio". El resto es vitalidad ilimitada y un colorido cegador. Utilizan todo tipo de instrumentación, nativa o de última generación, y no tienen problema en cambiar una marimba de calabazas por una stratocaster o una kora por un sintetizador. Cualquier cosa vale para su "tudo misturado' aunque el arsenal de percusiones que mueven es un catálogo de tienda entero.
Al frente de la tropa está la cantante y bailarina Romi Anauel, que salió batiendo unas alas transparentes, y desde entonces fue imposible fijar la atención en ninguna otra parte, porque su magnetismo cantando o danzando resultó irresistible. Le dio la réplica Junior desde las segundas voces y en las coreografías, llenas de vitalidad, agilidad y dinamismo tribal. Un bullicio vertiginoso muy físico, y tan medido como espontáneo que hace que Terrakota entre tanto por el oído como por la vista y sin antidoto conocido: las dos horas de concierto fueron una celebración del baile más expansivo, jubiloso y sin pausa; ellos no se detuvieron, y la gente tampoco, para terminar como parece obligatorio a toda batucada después de haber hecho con el público lo que quisieron ¡hasta sentarlo en el suelo incluso para invitarle a hacer otro mundo posible!
España y Portugal siguen de espaldas, tan cerca y a la vez muy lejos, pero vale la pena girar la cabeza un poco porque la música que nos está llegado de allí es excepcional.
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