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Texto y fotos: Juan Jesús García
Edad de Bronce: Delicatessen
El nuevo proyecto de Joaquín Almendros rueda ya en escenarios notables, en este caso el jueves 26 de febrero el del Teatro Isabel la Católica de Granada, donde pusieron de largo a esa Edad de Bronce con la que han puesto el contador a 'Año cero'. No es ese teatro muy dado a acoger conciertos de pop, por más de que sus condiciones acústicas probablemente sean las mejores de la ciudad, un plus de calidad al impecable sonido de este cuarteto que lo requiere por el fino trabajo de orfebrería de su trabajo.
Así, a primera vista, EDB parecen la versión 'desenchufada' del mismo grupo, ya que no es difícil imaginar sus canciones en un formato más 'cañero'. Pero no, el grupo ha sido diseñado para ser así, contando con dos extremos, de doce y seis cuerdas, que recuerdan el encuentro histórico entre Pepe Milán y Joan Bibiloni, en aquel mítico disco homónimo de 1976, todavía por superar en el campo de las guitarras de palo. Quini y Alberto vuelan sobre el mástil juntos o por separado, sin rivalidad, arrimando el hombro y con un gran nivel de detalle en la decoración de las piezas: ahora con destellos vaqueros, ahora con guiños portugueses, ahora de jazz afrancesado... Con las cinco del bajista A. Hernández son 23 las cuerdas que pulsan, sustentándose en el latido contenido de Jaime Martínez, a quien incluso le dan más tiempo para el lucimiento personal que en sus grupos habituales de jazz. Pero toda esta construcción sonora se reorienta hacia el pop cuando hace su aparición la golosa voz de Ismael de la Torre. Voz juguetona y 'ronalda' que hace suyo todo lo que canta, dejando un indeleble rastro con denominación de origen y que es, en primera instancia, el banderín de enganche del grupo.
Aseguran ser una propuesta modesta. Falsa apreciación porque hay mucha música en lo que suena, pura delicatessen que gusta paladear tranquilamente con los oídos. Se deben referir más a que huyen de la altisonancia, el exabrupto impostado o la cantidad por la cantidad. Vocación por las distancias medias y la templaza, que requiere de la cercanía cálida del público y cuanto más a mano mejor. Aquí se les notó no estar muy habituados a un teatro de tipo italiano, con el público oscuro y ausente, y así cuando el respetable perdió la inhibición y se hizo escuchar ellos acusaron el empujón de la confianza. ¡Y cómo se dejaron oír! que en la curiosa versión rapeada del 'Sweet Home Alabama' con la que abrieron los bises el respetable se puso de pie aplaudiendo, tanto que el grupo no sabía si seguir el concierto (lo hicieron con un arrabalero 'Corazón loco') o irse por la puerta grande antes de tiempo. Bronce parece, oro es.
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