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Texto y fotos: Juan Jesús García
Candelaria: Viva la diferencia
Casi medio siglo después de que Miles Davis rompiera las barreras entre los géneros musicales, hay bastantes grupos nuevos que vuelven al casilla de salida como si hubiera sido ayer cuando el 'intrompetista' quiso ser como Jimi Hendrix. Candelaria y D'callaos, cada uno a su manera, están en ello.
Ambos grupos pueden ser calificados de 'paralelos', los unos incluyendo a algunos Vecinos del callejón y los otros que son el Bicho sin bicho. Dos divertimentos a tiempo parcial que ya va cogiendo solidez, caso de los granadinos, capaces de mezclar a Camarón con Soft Machine, o son una realidad incontestable y con posibles como los ¿madrileños? Por delante de ellos se sienta en el suelo el cantante y percusionista de Guinea Bissau Mu, elemento clave en la tímbrica afro que caracteriza a esta marca, que recoge el testigo donde lo dejaron hace décadas unos Weather Report (concretamente el 'Black Market') o el Corea de los Return To Forever menos brasileños; y siendo de aquí, la referencia a Dolores o Iceberg son las suyas. Músicas que requieren un alto nivel de ejecución y se extienden horizontalmente por paisajes progresivos, siempre con esa mentalidad de grupo, de todos para uno que distanció en su momento el jazzrock del individualismo a veces tan exhibicionista del jazz estricto. Sorprende en este grupo tan propensa al rock nacionalista andaluz con la banda nodriza la ausencia casi total de influencias sureñas propias, bajando más abajo ('Happykvot') siguiendo la senda de ¿el sr. Zawinul supongo?; 'Actitud mental positiva' se muda hacia la clave, 'Hey' une folclore castellano con sitares indostaníes mientras que sorprende que la inquietante 'Aguaespejo' esté dedicada al cineasta granadino Val del Omar.
Candelaría presentó en La Telonera su primer disco ante un público muy receptivo y que, a diferencia con aquellos antepasados que proponían una escucha contemplativa, más intelectual que física, ahora el jazz rock se recibe más lúdicamente y hasta se baila. Cuando la banalidad cultural de la papilla única cunde en los medios, sean bienvenidos estos grupos jóvenes que reivindican un público no alienado por la dieta musical obligatoria. Viva la diferencia.
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