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Texto y fotos: Eduardo Tébar
One Night Band: Como si fuera la última vez
Era la primera vez que pisaban suelo granadino. En un mes de genuina tradición reggae en la ciudad y avalados por un productor de postín como Brian Dixon, que hace un año humedeció (literalmente) toda la sala El Tren desde su posición de guitarrista de los Aggrolites. Los canadienses One Night Band dejaron un buen sabor de boca en su primera toma de contacto con los 'skins' locales. O mejor dicho: acabaron con un público exhausto. Además, dentro de una intensa gira europea, con el desajuste horario para los relojes biológicos que implica salir al escenario del Boogaclub pasadas las doce de la noche. Mérito añadido.
El sexteto septentrional presentó su segundo disco, 'Hit & Run', toda una declaración de principios. Vivaces, juguetones y eclécticos, justifican su nombre con actitud y apresuramiento. Actúan como si se tratase de la última noche, coreografiados, con el correspondiente 'feedback' enérgico de la audiencia. La One Night Band vertebra sus canciones en la Jamaica de los primeros sesenta. Fieles al ská, el 'early reggae' y el rocksteady, preservan la identidad tímbrica antillana, pero sin privarse de contaminar la pureza de género con destellos roqueros, como prueba ese 'fuzz' de guitarra de 'Wait a minute'.
Su directo resulta, sobre todo, aeróbico y festivo. Presupuesto que evidenciaron en el arranque mediante la jaranera 'Good times'. "Son de lo mejorcito que hay en el mundo ahora mismo", comentaba Labase Martínez, integrante de la plataforma Reggae Warrior Crew. La formación de Montreal metaboliza la tradición para devolver una propuesta actual. Un bombeo infatigable muy propio de la escena norteamericana que en vivo funciona a las mil maravillas.
Con una batería y bajo de manual, la One Night Band focaliza el protagonismo en su cantante y guitarrista, Alex Giguere. Un tipo paliducho y enjuto, aunque dotado de una portentosa voz a la que nadie discute incluso ciertos visos de negrura. Y a la que se suma un plantel sonoro dinámico, muy alegre, entre las gambetas del saxo tenor y los culebreos de los teclados. Fórmula redonda: en plena madrugada la gente pedía más. Así que aprovechen estas oportunidades. Al día siguiente, en El Tren, estuvieron Voodoo Glow Skulls, veteranos impulsores del 'revival' californiano. Mereció la pena.
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