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Texto y fotos: Juan Jesús García
Najwajean: Por la raja de su falda...
Han pasado diez años desde la publicación de aquel 'No Blood' que puntualizó que aquí también se podía hacer triphop homologable con lo más 'cool' de fuera. El productor gallego-antillano Carlos Jean también ejerció de anfitrión para que una gran mayoría supiese que la indescifrable (e impronunciable) Najwa Nimri tenía también facultades cantoras, cosa que apenas conocían los que la habían escuchado con la potente banda de soul Respect. Tras aquella grabación cada uno se fue a lo suyo, ella con sus pelis y discos cada vez más electrónicos y ambientales y él sobre todo tras la mesa de innumerables artistas de toda condición. Ahora han vuelto en un tono muy distinto a lo escuchado, juntos o por separado.
Musicalmente nada sería igual si no se contara con Jean, pero en el escenario todo sería imposible sin ella. Con fama de diva caprichosa y de repelente carácter, Najwa despliega toda su capacidad de seducción, que es muchísima en directo. Vestida de Gilda, con una 'raja de tu falda' digna del 'piñazo del Seat Panda' de Estopa, y sobre unos tacones de vértigo, la cantante y actriz genera un magnetismo gatuno potentísimo; lo sabe y lo explota con su voz sensual y ocasionalmente jugueteando pícaramente con el borde de su traje para que asomara el liguero y la ropa interior, coqueteando con el público y más explícitamente con los miembros del grupo, sobre todo con Jean, pero también con el resto: Javi Pedreira (guitarra), Jacob Reguilón (bajo y contrabajo), Raúl Quílez (teclados) y Carlos Gamón (batería). Es una actriz y ejerce.
Dejando aparte los aspectos cabareteros, a los que la han seguido aunque sea intermitentemente, sorprendió el tono de su concierto, nada de música ensoñadora y chillout fino, sino un planteamiento muy rockero en ocasiones hasta con tres guitarras por delante. Por ese tratamiento no solo pasa el contenido de 'Till it breaks', sino también piezas antiguas como 'Dead for you' o 'I have no blood', mucho más rugosas y energéticas que las grabadas. A ella le gusta dejarse llevar por el grupo, hasta la catarsis y el revolcón por el suelo, también vocalmente (desde el susurro ronroneante al chillido histérico) y aunque dio la impresión de perderse en algún momento sus compañeros y el técnico de mesa salieron al quite sin muchos problemas, y ella con una sonrisa entre ingenua y despistada se volvía subir a los temas. Por citar un buen momento del concierto pongamos la saltarina 'Hookers' con esa guitarra 'pchyshokiler' a lo David Byrne. Hasta dentro de otros diez años.
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