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Texto y fotos: Juan Jesús García
Tarik: Pinchando en carne
El cordobés Álvaro Muñoz es de los pocos nombres que va enlazando décadas sin que el tiempo pase por él. Desde los Yacentes a 'El hueso y la carne', su segundo álbum en este siglo y el cuarto a su nombre propio, hay ya casi 25 años. Nada queda de aquellos Tarik y operarios de la fábrica de colores, cuyo mono de trabajo eran guardapolvos negros y gastaban aires de pistoleros de secano en 'El jinete pálido'.
Álvaro mutó desde aquel negro obtuso, desarrollando una coloridas alas y convirtiéndose en un sofisticado diseñador de canciones, excepcional orquestador mental de piezas y un tipo irónico e inagotable. Un músico que metaboliza toda una tradición que hace suya sin traicionar el legado. Hace un par de años me trajo a la memoria la inquietud de un Bowie en su época arácnida (y eso que versionaba a Neil Young) , pero ahora se le nota más psicodélico y sea por la cercanía (por lo de Waters obviamente) del repaso a la lección de Syd Barrett, uno encuentra en el desarrollo de estos temas en directo más de varios puntos de encuentro. Pasando de capítulo, hay corillos a lo Wilson Brothers, momentos muy beat, Moddy Blues, y también la alargada sombra Velvet asoma en varios momentos, referencias que por edad a él le llegan de primera mano, mientras que otros acceden transitivamente desde los herederos de sus herederos. Hay que insistir en que a pesar de los nutrientes Tarik es mucho más que un gran reciclador, ya que hablamos de uno de los mejores armonizadores de pop que se suben en un escenario español. Y además no tiene en más mínimo prejuicio ni deuda que le obligue, de forma que sus conciertos son variadísimos y siempre se hacen cortos.
En noviembre arrancó aquí en Granada la gira de presentación de este disco, y según dijo, aquí, en el Planta Baja la cerró esta semana. En los tambores un compañero de promoción como es Eric Jiménez, (que igual coincidió con Yacentes en algún concierto de... por la época sería KGB) y que ha sido puente hacia en el entorno Planeta donde se ha gestado 'El hueso y la carne'. Se trata de un disco que 'visto lo escuchado' parece pensado para ser ampliado y corregido en directo, desde la inquietud distorsionada de 'Antes de la niebla' que sirvió de bienvenida, la ondulante 'Nadador', el ataque roquista de la 'La ascensión de Lupo', o ese final a notable velocidad de crucero que supone 'Subir al tren'. Algún coetáneo le pidió 'Entonces ¿Por qué?', que le acompaña desde allá por 1987, y concedió la petición. Un concierto de Tarik siempre es una faena rematada pinchando en carne.
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