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Texto y fotos: Juan Jesús García
Slingshot: Brutales
Probablemente la noche del lunes se vivió en la sala El Tren de Granada el concierto más poderoso que se haya escuchado en ese local, y no sería exagerar mucho si hablamos también de la ciudad en años. La formación coyuntural que se esconde bajo la denominación de Slingshot o Devil´s Slingshot cuenta con tres de los mejores músicos del mundo en la actualidad, en palos que oscilan entre el rock el metal y también, en ocasiones, el jazz.
Música instrumental de fusión con una potencia parecida a la de la tormenta que crujía en el cielo de Granada en ese mismo momento. Un concierto apabullante de los de poner firmes al personal y marcar el techo de unos instrumentos, pero el techo estratosférico por el nivel de ejecución. Y a pesar del virtuosismo desatado, el trío no cayó en la vacua pirotecnia sino que ofrecía sustancia sólida; el sonido de MacAlpine, etéreo y sin tiempo para la tontería (la de su jefe Vai por ejemplo), apoyado en la hormigonada sección de Billy Shehan y Virgil Donati, no confunde concierto con exhibición ni master class, y así el material en ningún momento deja de tener espíritu del rock en directo. Sin quitar méritos a nadie, lo cierto es que guitarristas excepcionales los hay, tanto como bateristas arrolladores, pero no tantos bajistas como Billy Shehan, un monstruo de las cuatro cuerdas (votado en numerosas ocasiones como el mejor del mundo por 'Guitar Player' y del que se han beneficiado desde las reuniones G-3..., a Mr. Big, Steve Vai, Niacin o David Lee Roth entre otros. Aún siendo MacAlpine oficialmente el cabeza de familia, dejó a Shehan todo el espacio del mundo para tocar, y todo fue poco para un músico que quiso tocar el bajo como Jimi Hendrix y es tan valioso en el rock como el metal, el jazz, la clásica y hasta el flamenco según demostró esa noche.
Por los títulos que fueron anunciando presentaron el disco 'Chromaticity' en esta gira cuya excepcionalidad trajo a Granada a algunos de los compañeros de las publicaciones profesionales de instrumentos y de rock, y es que conciertos como ese no se escuchan a menudo. Por más que su espectacularidad pudiese tener efectos secundarios fatales: un músico de Granada con varios discos publicados decidió, deprimido, abandonar la música definitivamente esa misma noche. Y es que fueron brutales.
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