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Texto y fotos: Juan Jesús García
Javier Ruibal: El anticiclón de El Puerto
Corrían los primeros ochenta cuando entre el punk y las nuevas olas apareció un disco, 'Duna', de un tipo que no tenía nada que ver con lo musicalmente correcto ni moderno del entonces. Pero escuchando aquel vinilo uno notaba que la sangre entraba en ebullición y la piel se tensaba, que aquellas canciones tenían un algo diferente, una sensualidad absolutamente incandescente que , entre 'Spanish bomb' y 'Spanish bomb', sonaba a Andalucía pura sin ningún tipo de impostura turística o colonialista.
Aquellas fueron las primeras canciones que publicó Javier Ruibal. Unos cuantos años después y otros cuantos discos más, Ruibal sigue poniendo el pelo de punta con su tórrida expresión y esa manera de escribir primero, y luego cantar, que es pura brasa de alma y que también achicharra el cuerpo. Ruibal es un milagro, porque cuando lo que se premia es la imitación en serie no es que él tenga que ver con nadie, que tampoco, sino que resulta imposible tenerlo como modelo, ya que no hay molde posible: es uno y nunca trino. Lo suyo empieza en Javier, termina en Rubial y punto y final.
Escuchado a lo largo de este tiempo en diferentes formatos, hacerlo ahora solo, es en opinión del abajo firmante la mejor forma de oirle, en este caso con un delicadísimo apoyo midi que maquillaba gustosamente el silencio de fondo. Hay artistas que cuando desnudan sus canciones revelan vergonzantemente que todas son la misma, a él le ocurre lo contrario, y además las adapta a cada momento atendiendo al plus afectivo de una realimentación emocional que se le regala como a pocos; su gente son auténticos juramentados a los que el tostado cantar del de El Puerto calienta el espíritu, alienta el frote y aleja las tormentas como un anticiclón.
Aunque no estuvo solo del todo, porque por allí apareció fuera de programa Raúl Rodríguez, cabeza tocante de Son de la Frontera e hijo de la cantante Martirio, que arrimó el optimismo vital de su Tres a la segunda parte de la actuación, a unas 'Guadalquivir', 'Isla Mujeres' , 'Ay Pelao' y esa 'Rosa azul de Alejandría' que probablemente sea la canción más hermosa que ha dedicado nadie a la ciudad de Granada. Como ocurre en estos casos de cercanía próxima a la intimidad, no hay nada como un artista cómodo, llevado en volandas por su público para que la noche se estire hasta casi la afonía, aunque aún le quedó voz para esos 'Atunes en el paraíso' con los que remató una colección completa de bises de casi una hora. El 15 de mayo regresa a La Zubia a grupo completo, pero no será lo mismo.
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