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Texto y fotos: Juan Jesús García.
La visita anual de Javier Krahe al Secadero ha tenido este año el valor añadido de presentar el 'nuevo' Krahe; no es que se haya convertido en un crooner de etiqueta ni se haya pasado al postgrunge, que sigue enjuto, dubitativo, fumador, burlón y cada día más lenguaraz, sino que aprovechó la ocasión para enseñar las canciones de su última cosecha; ahí es nada: "para que nadie diga que siempre canto lo mismo" aseguró. Lo curioso y excepcional de este atípico autor es que es de los pocos que, no sólo se le perdona esa repetición a la que hacía mención él mismo, sino que es lo que se le pide, que cante siempre las de siempre todas las veces más. Pero si algo caracteriza absolutamente todo lo que hace este personaje es su absoluta ausencia de deudas y servidumbres, y las apetencias del público no iban ser las primeras.
Y como respondiéndose a si mismo, en contestación a lo que alguien le dijo en alguna ocasión: "No todo va a ser follar", objeción hecha canción y también intención. Así el Krahe que vendrá en disco algún día, refina su humor haciéndolo más volátil y se centra en su expresión más lírica, es más, hay canciones en la que no hay ni rastro de risa, ni de sátira ni chiste. Había ya algunas composiciones suyas extremadamente poéticas y delicadas (recuerdo 'Sábanas de seda' y 'Sonata de otoño', por ejemplo) , pero el ruido de las carcajadas no permitía habitualmente detenerse en ellas entre broma y broma. Ahora exigen su tiempo y sitio, aunque el público desee interna y externamente una vez más honrar a San Cucufato o sigue confesando a coro que, llegado el caso, prefieren la hoguera por ese "qué sé yo que tiene la hoguera".
Maestro del ripio con calzador, del surrealismo ácido y del sarcasmo kitsch, cada una de sus canciones es una delicia de verbo afilado con sacapuntas, maneras trovadorescas y risibles tópicos compartidos. Pero eso sí, imposibles de entender si no es en su voz y de cuerpo presente, viéndole revivir cada una de ellas como confesión en confianza a la luz de una colilla. Porque, además, Krahe es el único trabajador del mundo al que se le permite fumar en horario laboral.
Mención obligatoria hay que hacer siempre a sus compañeros de escenario, Javier López de Guereña y Fernando Anguita, el uno un guitarrista descomunal, capaz de trabajos monumentales como arreglar repertorios enteros para orquesta (se lo hizo, por ejemplo a Miguel Ríos), y el otro el único e irrepetible contrabajista punk que el mundo ha dado. Cómplices más allá de lo musical, almas gemelas los tres, y que son el sustento exacto en sonido y espíritu del rapsoda quijotesco y su, como describió Lucini, inteligente "hiperrealismo surrealista". Un placer, y que no decaiga.
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