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Texto y foto: Juan Jesús García.
"Estás de suerte, mañana toca David Hillyard en Granada". Es lo que se podía leer en un mensaje que recibió el miércoles una persona que vive y trabaja en Marbella. Y el jueves se vino hasta Granada para no perdérselo. Así ha ocurrido con la tercera visita de este saxofonista neoyorkino: que los avisos de su presencia vuelan de boca en boca ya que es de los artistas cuya carta de presentación son los conciertos, y donde van repiten. Toda una garantía, tanto para él como para el público.
Antes del saxofonista y su equipo se pudo escuchar la presentación del 'pump reggae' de The Red Soul Community, caras conocidas desde Los Dingos e incluso de antes que resultaron muy apropiados introductores para los estadounidenses con su versión colorista y pop de la Jamaica sonora vista desde aquí. Por calor que no quede.
El tenorista apareció flanqueado por dos caras muy familiares ya, por dos músicos que no pasan desapercibidos: por la estampa a lo Chet Baker del trompetista belga Rolf Langsjoen el uno, y el otro por la sabiduría anciana que añade el antiguo miembro de los Skatalites Larry McDonald, quien se trajo al repertorio el célebre 'Eastern Standard Time'; por un lado eficacia en el trabajo y vistosidad escénica mientras que a su vez el patriarca McDonald puntúa en autenticidad y se marca algún detalle de juventud, un tanto lejano al del resto de los compañeros como fue el bolero 'manzanero' 'Esta tarde vi llover'. Y es que, como nos recordó en un festival del Zaidín el malogrado Laurel Aitken cantando en español, los boleros y la música cubana forman parte de la educación sentimental de los jamaicanos. De alguna manera el Rocksteady 7 de Hillyard es también un gran combo de jazz caribeño, pero desde la orilla anglófona no por la latina, ya que la influencia rítmica del ska y el reggae vino más bien del norte y en inglés.
Sobre esa base siempre ondulante y sincopada, Hillyard y los suyos montan sus continuas ruedas de solos, elegante el trompetista en su fraseo cool, contrastando con el ardor del trombonista y el esquinado fraseo bop del saxofonista; línea de frente con intenciones de proa de una muy buena formación de ska-jazz que reúne magnificas interpretaciones solistas y grupales con la jovialidad festiva de los patrones jamaicanos: alimento para los oídos y veneno para los pies.
Si como dijo Mezz Mezzrow en sus memorias ('La rabia de vivir') "el jazz murió en el momento en que dejó de bailarse para tocarse en los teatros", convendremos que Hillyard y sus Rocksteady7 lo ha resucitado; literalmente: "¡Levántate y baila!"
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