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Texto y fotos: Juan Jesús García
Aterciopelados: La oreja de Andrea
Nos llegaron dentro del paquete 'Calaveras y diablitos' con el que se intentó hacer frente al imperativo colonialismo anglosajón dando un toque de atención la existencia de un inexplorado (y casi infinito) rock y pop hispano por explorar. Aquí, en la antigua metrópoli, siempre se había mirado de soslayo la música de las 'colonias', pero aquellos discos fueron una fuente de satisfacciones que los más curiosos supieron aprovechar muy bien y descubrieron un mundo fascinante de sonidos, que demás era mucho más nuestro. Entre los que se sorprendieron por el descubrimiento cabe reseñar al solvente historiador del rock, cazatalentos y estrella de la BBC Charlie Guillett , que abrazó la causa con ardor vocacional.
Andrea Eheverri y Héctor Buitrago son algunos de los que han llegado más lejos de aquel pequeño desembarco. En USA los adoran y la prensa americana los ha situado entre los veinte grupos más influyentes de la historia del rock, que siendo colombianos ya tiene mérito. Y su influencia vine quizás por su mundo tan personal e intrasferible que manejan, completamente ajeno al lenguaje y la sintaxis anglosajona de indies y alternativos de troquel, con sonidos de la casa (de todas ya que llevaban percusiones hindúes) y ritmos de la tierra tan enraizados como el colorido vestido indígena de Andrea, una chamana selvática desplegando sus mejores alas y galas para la seducción.
La Echeverri es un bicha de escenario que concentra todas la miradas y atenciones. Una verdadera agitadora y tan mordaz e irreverente como el surrealista holograma del sagrado corazón que destella desde su guitarra. Una modulada voz, suave y tierna pero que lanza canciones como torpedos hacia los temas más candentes del actualidad con una comprometida visión femenina del mundo, desde el planetario al doméstico (contra, en sus palabras, "los rompeozonos, los fumigaparques, los armaguerras, los malavibras"). En el concierto todo gira en torno a ella, que es capaz de empequeñecer cualquier escenario, y en esta ocasión fue un placer añadido que la disposición de anfiteatro del C.C. Zaidín la acercara hasta el alcance de la mano, cosa que en un escenario convencional no hubiese pasado.
Venían rodeados de orejas y su 'Oye' aún caliente (y sirvieron de se disco 'Oye mujer', 'Fan nº1', 'Complemento'...), aunque cosas como 'El estuche' o la 'Florecita roquera' no dejaron de ser pedidas en ningún momento, sobre todo por los bastantes colombianos presentes. Oreja por oreja, uno se queda con la de Adrea.
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