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Texto y fotos: Juan Jesús García
Muchachito Bombo Infierno: la Bomba
Tras arrasar en el pasado Corpus en Maracena, el Muchachito llegó a la Copera en solitario para su primer concierto estelar por estas latitudes. Don Muchachito tenía vendido casi todo el aforo en venta anticipada (todo un record) y en la puerta la cola de taquilla se perdía casi por el horizonte. Adentro tocaba alta presión esta vez. Y es que el chaval se ha convertido en el crack de este año, gracias al boca a boca y el desbocado 'dance usted' que pone en práctica en cada actuación. En Maracena se lo pusieron muy difícil a Delinqüentes, porque la tropa de Jairo y los demás: diez músicos a todo trapo y un pintor in situ, son temibles en le escenario y non hay quine les pierda el aire.
Siendo el (pen) último eslabón de la cadena del rollito que no cesa, MBI se ha inventado un sonido propio y absolutamente nutritivo que ha roto la baraja de la fusión callejera y el mestizaje 'Ravalero'.
El antiguo miembro de los funkys barriales Trimelón de naranjus y ex-barrendero del barrio del Carmel como trabajo alimenticio, más parece amamantado por el Barrio de Gracia por su consistente rumbeo racial. Desde el extrarradio más puro, Santa Coloma para ser exactos, El Muchachito ha puesto en pie lo que llama 'Rumboxing', suerte de traqueteo rumbero ferroviario tan cercano a la muñeca tipo biela de Jonathan Ritchman como al efervescente burbujeo con sabor a madera de los Stray Cats o el zigzageante swing afrancesado de Django Reinhart y sus gitanos. Todo ellos con su bombo en primer plano para que golpee sobre todo en la cabeza, en la tripa y más abajo incluso con boxística eficacia. Hasta esta línea no mucho más de lo que tenía cuando tocaba en la calle, pero en cada concierto aparece rodeado de más 'pitos' y esta vez la sección de metales era de cinco tipos, con lo que sonaban como el Titanic, de hierro y de proa. Con arreglos vertiginosamente urbanos, entre Tom Scott y o lo Brecker Bross, y un regusto rancio a banda funeraria de Louisiana de regreso 'al bollo', su espectáculo lo tiene todo: gracia, simpatía, vértigo, comunicación, frescor sabor y originalidad. Ahí es nada su versión de las 'Palabras para Julia' de Goytisolo o la 'Mala Vida' de 'el maestro', en una presentación propia más mala y más vital.
Se ha estrenado por aquí cuando ya tiene casi agotado el tiempo útil de su disco de debut, de ese 'Vamos que nos vamos' que le ha permitido cambiar la escoba por la Gibson, aunque siga barriendo los malos rollos y levantando una generosa polvareda a su alrededor. Es la Bomba.
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