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Texto y fotos: Juan Jesús García
Mujeres en el Mediterráneo: Granada - Budapest Conexion
El primero de los conciertos del miniciclo Mujeres en el Mediterráneo presentó anteanoche (29 de septiembre) en La Zubia a la entrañable Elena Bugedo y a la inclasificable Monika Miczura (Mitsoura). Mujeres en el Mediterráneo tradicionalmente despide el verano musical en la provincia granadina y hasta hace dos años se realizaba en el Parque de El Majuelo en Almuñécar, hasta que el desencuentro político entre el Ayuntamiento sexitano y la Diputación, entidad organizadora de los conciertos, hizo que tras seis años allí la música de M.M. se alejara del mar para ir, primero a Peligros, y este año a La Zubia.
Elena Bugedo fue la encargada de inaugurar estos cuatro conciertos. Excepción 'orgánica' en un programa en el que la electrónica es la protagonista. No suele encontrarse Elena con el público a quince metros ya que ella y sus música se saborean mejor cuanto más cerca, pero su candor picante y su ternura equívoca consiguieron salvarla de una situación poco propicia. Aprovechó para ir rodando canciones nuevas, que como 'Sin dedal', 'Lección de baile', 'La niña maceta' y 'Escondida' (un single claro) irán en su próximo disco; curiosamente un proyecto de disco que casi con seguridad vea la luz antes en México que en España, lo que dice mucho del cariño que se tiene aquí a los nuestros.
Cambiando de régimen el grupo Mitsoura se estrenaban en Andalucía. Se trata de un cuarteto que combina las bases electrónicas con los sonidos naturales, pero siempre entorno a la peculiarísima voz de la cantante Mónica Miczura, que entre canturreo de niño cabreado o pitufo beodo, resulta inconfundible. Dentro del etnothecno tan habitual ahora mismo, Mitsoura beben sobre todo de las conexiones orientales con Centroeuropa (el percusionista Peter Szalai, perteneció al Calcuta Trío). Con proyecciones de mándalas, fractales y dibujos tradicionales húngaros compuestas por Eva Mandula, su concierto se enriqueció plásticamente más allá del planteamiento galáctico de su soporte sonoro, tan cerca del Trace como del Chill Out turístico. Si la parte sintética revelaba su gusto por grupos como Portishead o Massive Attack, la física ofreció magnificas interpretaciones de gadulka y kabal (violín búlgaro y flauta turca) a cargo de András Monori, y el embriagador y casi alucinógeno repiqueteo de Szalai en las tablas. Un producto tan bailable para los más extrovertidos/as, que los/as hubo, como contemplativo/a para los/as que prefirieron mantenerse a distancia sin meterse dentro de su espiral narcótica.
Anoche (30 de septiembre) se cerró el ciclo con la participación de los catalanes Nómhadas y Almasäla, el grupo de la cordobesa Paloma Povedano.
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