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Texto y fotos: Juan Jesús García
Baño de masas para Medina Azahara
Unas 5000 personas, todo el recinto polideportivo municipal de Íllora a rebosar, acudieron para recibir al veteranísimo grupo cordobés que despedía sus fiestas anuales. Sobre la marcha desaparecieron los teloneros anunciados, Sr. Roca, para dejar más tiempo a Medina Azahara, cuya longevidad y capacidad de convocatoria siguen siendo una excepción en el rock español.
Lejos del mundanal ruido mediático, los de Manuel Martínez se saltan todas las reglas establecidas del juego para hacer saltar una y otra vez la banca allá donde van, y no paran, que este verano tienen trabajo prácticamente treinta días al mes. Todo un misterio de marketing por libre a resolver.
A diferencia de otras temporadas en las que sus presentaciones eran bastante tímidas técnicamente, ahora van en talla supergrande, sobrados de sonido, iluminación y con dos pantallas luminosas como las de Els Joglars en 'Olimpic man Movement' a las que sacan una vistosa rentabilidad espectacular.
Y además de muchos, los presentes fueron muy agradecidos, jaleando y espoleando a un grupo que se dejó empujar, e invita continuamente a participar al público, generando como pocos un nivel de retroalimentación bidireccional que no por estereotipado deja de ser uno de los nutrientes del rock desde que se inventó a mediados del siglo pasado.
Quien los haya visto en algún concierto en los últimos 26 años los ha visto para siempre. La formula del rok nacionalista con ribetes metálicos no necesita de muchos retoques puesto que funciona: una rítmica pedregosa, un teclado decorativo y omnipresente con un uso muy setentón, y siempre tirando del sonido del grupo el fornido Paco Ventura cuya digitación sigue siendo de master-class noche tras noche. Y el tiempo les ha dado una cohesión absoluta.
'La estación de mis sueños' es temario que están introduciendo esta temporada, su decimosextos disco. Lo que no es óbice para que recuperen parte del anciano 'Caravana española' o su primer éxito 'Paseando por la Mezquita', que paradójicamente cantan hasta los que no habían nacido cuando ellos lo estrenaron. 'Velocidad' sigue siendo una pieza clave de sus noches, como sus comodines habituales: acudiendo a Triana para 'El Lago' o Módulos con 'Todo tiene su fin', para terminar en plan terapia de grupo con el estribillo de autoayuda de 'Necesito respirar' y deseos de "paz, amor, felicidad y libertad".
Nada nuevo bajo la luna de Íllora, el rito se lleva celebrando desde hace un cuarto de siglo, pero si miles de personas lo requieren cada día, Medina Azahara cumplen un papel hasta social: el de satisfacer esas necesidades de comunicación durante un par de horas. No todos pueden decir lo mismo.
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