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Texto y fotos: Juan Jesús García.
Antonio Molina: The blues boy.
Contaba un viejo zorro como Joaquín Sánchez que cuando se le subió Antonio Molina al escenario hace dos años, con doce, para tocar un par de temas en una jam, se fue inmediatamente a buscar a su padre para decirle que el chaval tenía un problema, y no era que no supiera tocar como correspondería a su edad, sino todo lo contrario: ¡que tocaba mucho! "Y eso no es normal" le dijo. Dos años después, con catorce, Antonio se ha presentado como titular de su propia banda, con Joaquín, su valedor, 'de machaca', y con Joan Masana y Pepe Lozano en la rítmica.
Un primer concierto que debió de ser un placer para él por la cara de satisfacción que ponía al encajar todas las piezas, crujiéndole el alma y el cuerpo en cada punteo como si se le clavaran en mitad del pecho, y dando las entradas y salidas o alargando la ruedas de solos de 'su' banda con maneras ya de veterano de los escenarios. Nunca uno había visto más callado a un hiperlocuaz Sánchez, cediéndole todo el espacio solista a su compañero 'en jefe' por esa noche.
A los lados del escenario su 'club de fans', chavalería de su misma edad asombrados por la seguridad de su amiguete ante un grupo que le triplicaba la edad, y enfrente sus padres grabando todo el debut en vídeo para la posteridad. Hasta hubo quién le pidió firmar el 'set list' "¿Tú sabes lo que puede llegar a valer el programa firmado del primer concierto de, por ejemplo Eric Clapton?" le dijeron, y él sonrió preguntando "¿Y esto cómo se hace?" mientras escribía un "keep the blues alive!" en la hoja.
Pero al margen de la parte anecdóticamente entrañable de lo precoz, lo cierto que Antonio Molina sabe bien lo que hace, es un amplio conocedor del material que maneja y tiene eso tan escaso que es el feeling, un buen ataque en los dedos y mucho gusto tocando, cualidades que hay guitarristas de técnica infinita que nunca podrán tener, porque eso no se aprende, se vive. Y él parece saber ya que un par de notas, pero ésas dos y no otras, conmueven más que siete ejercicios de escalas seguidas por segundo. Sabiduría marca B.B. King. Y puestos a dar caña, el ejemplo de 'Hoochie Coochie man', el 'Goin down' o un rocoso 'Hey Joe' fueron toques de atención de su músculo. "Y también toca jazz" aseguró su padre. Cuando eche las muelas del juicio, se lo 'va a comer' todo.
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