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Texto y fotos: Juan Jesús García.
Chambao: Todos con La Mari.
Chambao se ha convertido en un grupo de mayorías. El jueves 18 de mayo reventó la Copera como solo se recuerda en conciertos estrella como el del Maceo Parker. El grupo del La Mari, porque es ella la única que queda del principio, ha vendido más de 100.000 discos ahora mismo de su 'Pokito a poko', una cifra desorbitada para los tiempos que corren; claro que viendo el público que acudió a escucharla, de media en torno a la treintena, es evidente que muchos no parecen familiarizados con el Emule.
Precisamente porque este público requiere un trato más correcto y respetuoso, muchos de ellos se marcharon antes de que terminara el concierto ante las condiciones -todo vendido- y el calor insoportable que había en la sala. Temperatura altísima que además debió afectar al delicado estado de salud de la cantante, que nada más salir, con 90 minutos de retraso sobre el horario anunciado dijo que se la perdonara porque no tenía un buen día. Y ciertamente la malagueña no lo tenía, se la vio sufrir hasta el llanto por mantenerse cantando, en muchos momentos se retiró del escenario y en todo momento estuvo respaldada, tanto artísticamente como anímicamente por sus compañeros del grupo y por el público, que no dejó de animarla coreando su nombre y olvidando la hora y media de espera.

Descalza y algo ausente, La Mari hizo mucho más de lo que pudo y hasta sonrió y jaleó a la gente en algunos momentos. Se recluía al fondo del escenario fuera de los focos y cantaba de espaldas o haciendo segundas voces a su corista, y cuando se sentó en el suelo para entonar el camaroniano 'Volando voy' se tuvo que secar las lágrimas entre abrazos y besos de su compañeros de grupo.
Fue una actuación atípica que no obstante duró casi las dos horas de un concierto normal. Así los temas parecían en algunos momentos alargados a con solos de percusiones y rapeos mientras ella se recuperaba y cogía fuerzas para volvía a salir en un alarde absoluto de profesionalidad, que el público agradeció con estruendosos aplausos y piropos de toda catadura. Los de adelante, porque entre la penumbra escénica, el humo y la distancia, de la mitad hacia atrás no se percibía con detalle la tensión emocional que se vivía en el escenario.
Así las cosas poco importa que el grupo sonora mejor o peor, que fueran más o menos los músicos de esta gira, que tocarán o no unas u otras canciones de éste o aquel disco, que bailasen, estuviesen quietos, que hayan prescindido del animador, que termine siempre con el 'Ahí estas tú'...y blá blá blá. Lo que se vivió anteanoche fue un ejercicio sobrehumano de entrega artística y personal que no se paga con el precio de una entrada. ¡Ahí estuvo ella! Impresionante.
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