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Texto y fotos: Juan Jesús García.
El Doghouse: ¡Cuidado con el perro!
Cercanos ya al primer aniversario de El Doghouse, el cuarteto multinacional sigue en fase de ascenso acumulando actuaciones y habiendo asentado su formación definitiva con el cambio de bajista, plaza ahora ocupada por el hijo de Richard Dudansky. La baza promocional del entorno Strummer ha dado excelentes resultados y los hemos podido ver en programas nacionales de TV y sonando con generosa difusión en radios. Lógicamente se ha traducido en el creciente interés del público y en que su nombre empiece a ser conocido. No obstante no parece necesario que el grupo se apoye ya en leyendas puesto que tiene una arsenal de posibilidades, la primera de ellas su rotundísimo directo. Incluso en espacios pequeños, el empaque de El Doghouse impone y deja ver su hechura de grupo grande.
Todo viene determinado por el bagaje acumulado por sus integrantes, con cientos de conciertos a sus espaldas, manejadores con solvencia de diversos estilos y sin absolutamente nada de miedo escénico; más bien todo lo contrario: se salen como si les apretara un corsé de talla mínima.

A veces el espacio bajo el escenario se queda vacío por vergüenza del público, pero hay otras en que casi abruman tan cerca ¿recuerdan lo que ocurría cada vez que Crissie Hynde de Pretenders enseñaba los dientes al borde del tablao?, pues algo parecido sucede con El Doghouse, que demasiado cerca asustan.
Buena parte de esa hipertrofiada imagen corresponde al arrollador empuje de Tom Lardener, lo más parecido a una máquina de tren que se viene encima. Su hercúlea efusividad más que tirar de los temas te los arroja encima como sacos de cemento, dejando a sus compañeros la parte más sinuosa y ornamental. Así Pepe Olmedo, un todo terreno de la eléctrica, los decora para que no duelan tanto mientras que la rítmica justifica la musculatura de su cancionero. De verdad abruman.
Temas como 'Seed of narcissus' son un golpe ventral de los que dejan si respiración, y momentos como la introducción dylaniana del 'Ridiculous' coge velocidad en un momento hasta tener que apartarse para que no te lleve por delante. El material reciente ha ido creciendo hasta tener ya para un nuevo trabajo discográfico quedando sus proteicas versiones de Iggy Pop, Clash y ¡hasta Pink Floyd! (que ya hacía Tom en plan country anteriormente) para las celebraciones finales. Afortunadamente en el Organ Jazz hay dos pases, con intermedio para reponerse. Cuidado con El Doghouse, que no lleva bozal.
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