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Texto y fotos: Juan Jesús García.
Jayme Marques: Brasil de toda la vida.
La música brasileña ha encontrado ya fáciles vías de acceso a nuestro país, que se lo pregunten a Carlinhos Brown por ejemplo que llega hasta por lo móviles. Pero hace cuarenta años, aunque Stan Getz y Astrud Gilberto residieran buena parte del año en Salobreña, no era ni muchísimo menos así. Y ahí es donde el papel de Jayme Marques resultó fundamental.
Marques no era ni es ningún genio de la música, más bien una esforzado trabajador nato que trajo las músicas que él conocía bien a un país donde eran mayormente ignoradas. A partir de aquel momento para el común de los oyentes bossa y samba tuvieron un apellido, el suyo. Para algunos impostado, para otros merecedor de todos los respetos por haber abierto la puerta a un inmenso mundo de placer.
El domingo 12 de junio cumplió 69 años. Pero no por ha dejado de tener ganas de actuar, haciéndolo en todo tipo de formato según el presupuesto: con grupo entero, con orquesta (ya ha avisado que vendrá al festival de Jazz de Jaén con su Big Band) o con el único acompañamiento de su fiel baterista Manolo Heredia, eso sí añadiendo con su sampler portátil toda una colección de discretos suplementos virtuales. Así apareció este fin de semana por el Alexis y quizás sea el modelo más directo de Marques, ya que le permite mantener un contacto inmediato con el público y generar ese ambiente de club, que él, que estuvo lustros en el Whisky Jazz madrileño, sabe tejer como nadie. No necesita más que rasguear sus guitarras y dejar fluir la calidez de la música que siempre ha hecho para hacerse con el público primero, e incluso llegar a convertir en una sala de baile cualquier espacio.
El tiempo ha servido para que renueve su repertorio, aparentemente condenado a los estándares más estándares del ramo por decisión propia, ahora con el añadido de material menos conocidos del patriarca Caymmi o Buarque, que refrescan las versiones puestas al día de algunos de sus obligados, que como 'Las tres de la mañana' o el divertido 'O Pato' no pueden faltar nunca; como tampoco alguna derivación jazzística muy de agradecer entre sus best sellers. A lo que hay que añadir su disposición casi pedagógica situando verbalmente cada tema, contando sus interioridades y tratando siempre de agradar al público con sus dotes de excelente conversador, buenhumorado y algo sarcástico. Un placer, el mismo de siempre, como el Brasil que él representa.
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