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Texto y foto: Juan Jesús García.
Toy Dolls: El complejo de Peter Punk.
En tan solo una semana tres grupos del protopunk, GBH y Toy Dolls, por la parte importada, y los Siniestro del producto nacional bruto, han pasado por Granada. Lo asombroso de estos 'zombies', de cresta fosilizada salidos de la noche de los tiempos del lapo y el pogo, es que todos gozan de perfecta salud y que sus conciertos han sido incontestables. De lo más solvente y resolutivo que se ha escuchado en lo que va de año.
En el caso de los Toy Dolls y esta gira de supuesta despedida que ha pasado por Granada y Almería (le tienen una canción dedicada a Vícar y todo), fue la mejor forma de comenzar este puente. La compañera Ángeles Huertas podría incluir a este grupo en su relación de formaciones recachutadas ya que tan sólo el guitarrista permanece de los fundadores, pero como en tantos otros casos, da lo mismo, porque el grupo, su concepto y rostro visible es él: Mr. Michael Algar "Olga".
Padres que fueron del punk más vertiginoso, pedestre y juerguista (que aquí llegó degenerar en nombres casi de verbena y calimotxo), los Toy Dolls sobreviven hasta como concepto por la irreverencia lúdica y el sentido del humor con que siempre han presentado sus cosas. Una paródica máscara de carnaval que relativiza pero no esconde un formidable potencial técnico que hace que sus interpretaciones sean perfectas, en ocasiones con virtuosos ejercicios de pirotecnia instrumental: para hacer ésa versión de la 'Danza del sable' a semejante velocidad hay que tener una digitación de vértigo. Y Ahí es nada, compensando semejante seriedad la pueden juntar con melodías de dibujos animados ('La pantera rosa'), de bandas sonoras ('El golpe') o hacer caricaturas ('The final countdown'). Como se toman prestados riffs demoledores, guiños al personal que funcionan como banderín de enganche y que abundan en la desfachatez, eso sí, musicalmente de lujo. El tipo que invento a los Sipmson seguro que era fans de Toy Dolls.
Todo ello presentado con su colección de muecas y obligatorias coreografías (cada día, ay, más complicadas por su edad) igual de risibles, simpáticas y divertidas, ya que es un grupo que practica el saludable ejercicio de no tomarse en serio a si mismo. Algo contagioso, como sus pildorazos hipervitaminados: 'Nellie the elephant', 'Yul Brynner was a skin head', 'Fiery Jack' 'Glenda the test tube baby', 'Wipe Out' (obligatorio de los Surfaris) o 'Back 79', agitados y coreados por medio millar de personas que disfrutaron a lo grande con este trío inglés que goza del secreto de la eterna juventud: el complejo de Peter Punk.
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