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Texto y fotos: Luis Angel Cañete y María Eugenia Martín Maeso.
El viernes 14 de abril se presentaba en el Café España de Valladolid José de la Tomasa, acompañado a la guitarra por el maestro -ya un clásico- Manolo Franco. El público que se dio cita para escucharlo fue más que abundante. Y seguramente se fueron satisfechos a su casa y se lo irían contando unos a otros, lo bien que había estado José, digo. Porque para despellejar cantaores, ya están los días en que nos echan noveles al escenario del España o de donde sea. El de la Tomasa ofreció al respetable pucelano, a buen seguro, un recital de los suyos, de los que lleva un ejercito de lustros derramando por una más que amplia geografía. Del cante del vástago de Pies de Plomo y nieto de Pepe Torre podríamos decir lo que el taurino aquel: "to lo que no mejora, empeora". Así de sencillo, las mejores intenciones se quedan sin reflejo en los resultados.
Habrá quien tache esta crítica de persecutoria, de sambenito o de manida. Muy bien. Pero lo que sigue dominando los conciertos de este pozo de sabiduría flamenca que es José de la Tomasa, es la indecisión, el encorsetamiento y otra serie de trabas a la brillantez interpretativa que gran parte de la crítica que se atreve a juzgarlo (filojerezana, usualmente) lleva poniendo de manifiesto desde mediados de los ochenta, que me conste.
En el España nos ofreció la Caña, Alegrías, Malaguñas, Fandangos, Cantes de Levante, Soleares, Siguiriyas, Martinetes, Tonás, Bulerías y Fandangos de Huelva. El repertorio no es problema para José de la Tomasa.
La verdad es que a veces José se echa a cantar y tras dos coplas parece que va a empezar a dar bibliografía sobre la cosa mientras se marca una malagueña de su amplio y, con frecuencia, arbitrario repertorio. Las letras de nueva autoría, sin tamizar por la cadenciosa construcción del acervo popular, sobre todo si salen a relucir con la frecuencia con que lo hizo este cantaor, hacen perder el equilibrio al más asentado de los cantes. En ocasiones el de la Tomasa recurre a giros de corte "moderno" u original desligados por completo del tono general del cante, de un arquetípico más que subido.
En el haber del artista queda su gran conocimiento y, en cuanto a interpretación, sus grandes Tonás y Martinetes.
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