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Texto y fotos: Juan Jesús García.
Chavela Vargas: la voz de la experiencia
Se anunciaba como la última gira que esta gran dama de la música mejicana iba a realizar por el mundo, pero viéndola encima del escenario de la Huerta, de pie, peleona y un con un torrente de voz durante casi hora y media, lo suyo como lo de Antoñete parece más un farol que otra cosa.
Cubierta como siempre por un jorongo indígena, " La Vargas" como la conocen allá en México, fue un regalo del cielo de los conciertos de la Huerta. Acompañada perfectamente por el maestro Allende y Miguel Peña en las guitarras, más un ocasional cajonero, ella se basta sola para conjurar a todos los dioses del amor y el desamor que en el mundo han sido. Fuerte y débil de voz, juguetona por momentos, dispuesta al llanto o a la rabia, con sus 84 años apurados hasta la última gota guarda en su corazón todo un mundo de sentimientos tan hermosos como turbulentos que cuando rompe a cantar producen conmoción.
Ella como, Billie Holiday, la Piaff o Cesaria Evora, empujan cada palabra que pronuncian con tal cúmulo de sentimientos que estremece solo pensar las vivencias que lleva añadidas cada canción, desde el 'Macorina' del principio al 'Pienso en mi' final. En total 21 piezas, entre rancheras y boleros, con alguna fuga hacia el sur incorporando un candombe, forzadas a base de aplausos que no querían que terminase la noche y la hicieron salir en tres ocasiones.
Canciones llenas de historias arrebatadas que como en la 'Canción de las cosas simples' suenan a despedida, para luego coquetear juguetona y enamorada con los diminutivos de 'Churrasca' o asegurar que volverá, porque José Alfredo siempre lo prometió , y ya sabemos que "Las amarguras no son amargas cuando las canta Chevela Vargas y las escribe un tal José Alfredo". Autor al que volvió una y otra vez con 'Un mundo raro', 'Vámonos', 'Las ciudades' o el cantinero 'Ultimo trago'. Guiñó sus ojos oscuros a su amigo Almodovar, con el 'Somos' de 'Carne trémula' y 'Luz de luna', que nos recordó aquella memorable escena de 'Tacones Lejanos' en la que una lágrima se desliza por una mejilla y se estrella en la huella de unos labios rojos que pisa una mujer que canta como Chavela y solloza como ella, porque es ella.

Tras el mariposeo flamenco de Sara Baras alrededor de 'Verde amor', todo debía acabar con una "Llorona" en penumbra y susurrada, casi recitada, aún más íntima, personal y recogida, un momento de esos que producen picor en los ojos y no se olvidan en la vida, pero no, el público no se lo permitió y ella se dejo querer.
Chavela se despide de Granada con un segundo concierto en la Huerta, para el que todo está vendido pero cabe la posibilidad de seguir perfectamente desde el parque, porque hasta los cipreses se encogen de respeto ante esta gran señora y permiten la visión del escenario.
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