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Texto y fotos: Juan Jesús García.
Dominique A: Seducción
Nombre protegido por el sector más exquisito del público y la crítica de nuestro país, Dominique A en su presentación granadina no defraudó las esperanzas creadas por su visita, demostrando también, que no es patrimonio de de una opinión avanzada sino que tiene argumentos también válidos para el gran público.
Presentándose como un "poor lonesome cowboy" según sus propias palabras, es decir: más solo que la una. Pero con una cartuchera llena de revólveres tecnológicos de repetición.
Seguido hasta la devoción por buena parte de los presentes en el Planta, abarrotado como en sus momentos estelares, Dominique A no dejó a nadie insatisfecho a pesar de la relativa humildad de su formato comparativamente hablando con muchos de sus trabajos discográficos, y en concreto con su orquestal última entrega. Amigo de la rotundidad expositiva y los cambios de rumbo si solución de rotundidad, bajo esta sencilla forma de interpretar se descubre que, al margen de la variabilidad estética superficial, sus canciones corresponden a una manera mucho más sencilla y apasionada de componer, a la que luego en el departamento de producción diseña la forma final.
Dominique es sobre todo su voz, una voz grave, que por momentos recordaba los primeros momentos de un Bernard Laviliers, que a su vez traía a la memoria al rugoso Ferré, pero también untuoso y flexible y con un punto muy emotivo para trasmitir sensaciones conmovedoras, tanto como buena parte de sus descarnadas y sinceras canciones, casi confesiones de diván; e incluso llega a sacar registros de una musicalidad que montada en violines resulta casi cinematográfica.

Auque por el tratamiento discográfico haya impactado en el sector alternativo más independiente, Dominique Ané se incardina en la tradición de los chansoniers, conveniente regenerada a la luz de las músicas contemporáneas, pero perfectamente engarzable con los clásicos en blanco y negro de cuello de cisne.
Aparte hay que mencionar su autosuficiencia sonora de francotirador puesto al día, sobre todo el uso del retardo digital y el sampler, que le permite ir tejiendo autoacompañamientos hasta conseguir sonidos casi de big band, si quisiera. Efectos que milimétricamente pensados envuelven de ritmos, coros o fraseos las canciones con economía de intenciones y resultados sorprendentes, desde la ternura máxima al ruido directamente, y que lograron seducir y fascinar al respetable.
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