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Texto
y fotos: Juan Jesús García.
Mastretta : La banda sonora de la alegría.
Multiinstrumentista, técnico, productor y muchas otras cosas más, Nacho Mastretta es un pájaro raro en la fauna local, es más, está en peligro de extinción por la toxicidad del alpiste sonoro único. Su participación en esta edición del festival de cortometrajes ha resaltado su faceta de compositor de música para el cine, pero quedó muy claro que previamente en su dieta ha habido mucha banda sonora devorada.
El sobrino de la escritora Angeles Mastretta hace en directo una auténtica exhibición de música y mentalidad completamente libres, algo difícil de entender por los administradores oficiales de la música: se le invita a ambientar los Goya pero se le ignora en los premios de la Música, curioso. El polifacético clarinetista regaló en Granada (porque sus conciertos son regalos aunque no tengan lazo) un primoroso concierto apto para un público de nueve a noventa años y con múltiples lecturas, de las que uno se queda con la emocionalmente positiva. No regalaban sonrisas en la puerta con la entrada, pero todo el mundo salió con una puesta en la cara.
Con un pequeño grupo en directo plagado de 'ex' , donde encontramos al baterista (tanto de batería acústica como de cocina) que fuera de Ronaldos Ricardo Moreno y al gregario de lujo (tras darse a conocer en Golpes Bajos) Pablo Novoa, este singular y jovial músico dio rienda suelta a su imaginación sonora, vasta y metabolizadora de múltiples tradiciones anteriores, unidas por el denominador común de la simpatía y hasta la humorada.
Desde las presentaciones de su 'Luna de miel' Mastretta actúa sin voz cantante. Sus instrumentales van y vienen hacia adelante y atrás, utilizan recursos de los años cuarenta, de los cincuenta y de los sesenta, es música divertida con toques retro que remueven la infancia sonora de más de uno, música en blanco y negro que él pinta de colores, magistralmente con guitarras cien por cien Shadows, sintetizadores galácticos de juguete e infantiles vientos. Sonidos para teleseries imaginarias, para dibujos animados nunca pintados o para viajes deseados. En su música nos aparecen continuos guiños, a Gershwin, a Bechet a Nino Rota, a Mancini o a ilustres pirados del jazz como Lester Bowie, John Zorn, Byron o David Murray. Toda una conspiración sonora de antepasados expuesta con tanto respeto como irreverencia y en ocasiones con un simpático sentido minimalista y una ingenuidad casi naf.
Su último disco, el que tocó, se supone inspirado por la experiencia de la conducción, una roadmovie de cine ciego a la italiano española, que al paso trotón de un 'caricaturismo' digno de Fresser, permite llevar las ventanas abiertas para ir soñando paisajes: "adelante hombre del seiscientos, la carretera nacional es tuya!".
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