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Texto
y fotos: Juan Jesús García
Albert
Pla: De niños y locos.
Hacía algún tiempo que Albert Pla no aparecía por Granada, y ha sido el festival de cortos el que ha propiciado el reencuentro, como fue el de teatro el que lo hizo con el encuentro (por cierto que con unas críticas feroces) apenas convertido Pla al idioma español y la rumba catalana.
Desde aquel entonces Pla ha modelado su propio personaje, un individuo residual de aspecto lumpen medieval que se sitúa tan cerca de la enfermedad mental como de la sinceridad más abrupta. Imagen pública que juega con la ternura y la acidez más sulfúrica haciendo bueno el dicho de que sólo los niños y locos se pueden atrever a tanto. En eso está.
Pero el personaje ha ido avanzando con el tiempo, y poniendo a los suyos también contra las cuerdas, sea el mismo Rey de 'Melchor', el policía de 'La dejo o no la dejo' o el necio Joaquín. Pla es rebelde porque el mundo le ha hecho así, ya hace años que quería 'vull ser torero" para morir en la enfermería y "ser enterrado lleno de gloria, estampitas y geranios".
Dedica buena parte de su actuación a sí mismo en lo que parecen ser improvisaciones más o menos repentizadas absolutamente surrealista-cannábicas sobre cualquier hecho: sus disquisiciones sobre la desaparición de su corazón resultaron completamente delirantes.
Afortunadamente para el Pla público la técnica ha acudido a su encuentro en forma de microfonía de cuello, solucionando su antiguo problema de audición de las partes susurradas, ya que él juega mucho con la dinámica de la locución, desde el grito airado al beso hablado. Diego Carrasco le apoya notablemente en la parte musical; guitarrista de sonido musculosos es de los que mejor ha entendido lo que significa tener a un público roquero delante, a los que gratifica con exuberantes efectos técnicos y de percusión. El personaje de Pla no los necesita, pero refuerzan su sonido tanto con él como con el bajista acústico en la salida del concierto, y le permiten desarrollar con más espacio la libertad gestual del tipo vestido de saco que cuenta o canta las historias, por cierto ahora desde un sillón azul y de diseño en vez de rosa-fluor tradicional.
Como Pla no hay dos, ni siquiera con el pedigrí psiquiátrico de Manolo Kabezabolo o tóxico de su amigo Roberto Iniesta, nadie es capaz de decir lo que el dice, con semejante inocencia envenenada, con igual desvalidez y picardía o con tal guiño cómplice al respetable. Y es que Pla somos todos, porque a ver, Quién no ha sido el Manolo, la Natalia, el Jaimito, el Aurelio o la María? Personajes todos de 'El lado más bestia de la vida' y tan real como la vida misma.
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