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Texto
y fotos: Juan Jesús García
Manta
Ray: Viaje con nosotros.
El cuarteto gijonés es habitual ya en La Copera.
Cada disco que publica, que no siempre es cada año, pero les gusta enseñarlo en directo y siempre hay unas seiscientas personas que quieren escucharlo; el cariño es mutuo. La excusa para la cita de este año se llama Estratexa, y ellos lo han anunciado como un disco 'cabreado' contra el mundo.
El caso es que desde la marcha de Nacho Vegas el grupo se macizó más en escenario y perdió capacidad de filigrana al irse con él un par de manos más. El perfil sonoro en vivo de estos últimos años de Manta Ray parece el ideal para la reproducción de este disco, eminentemente rítmico y mucho más concreto que sus precedentes. Dijo un colega que es ya un tópico afirmar que Manta Ray son el mejor grupo experimental del país, argumento que es tan cierto como que la televisión española de los setenta era también la mejor televisión de España. Manta Ray no son los mejores ni los peores, son los únicos que han conseguido acceder a un estatus de grupo 'interesante' como valor intelectual añadido. Flaco favor le hace a la música de Manta Ray estas apreciaciones que sobrecalifican desmedidamente la música que hacen, y más ahora que es un producto recio y en muchos puntos más sencillo; acostumbrados como estamos al pop y el rock más adocenado parece una música difícil de digerir, y menos sin doparse, pero está muy lejos de las perforaciones de estómago de muchas escenas de vanguardia. A fin de cuentas lo suyo es rock, sea ante, bajo, cabe o post, y no freejazz, dodecafónica o contemporánea, que eso sí que es experimentalismo con equis de Maalox.
Si hay algo merecedor de todo elogio en este grupo es su libertad creativa y su nulo anclaje en las corrientes habituales hasta la hartura del pop-rock español. Lo suyo es valiente y en concierto bien construido, en este caso y con este repertorio dando prioridad a los riffs repetitivos que permiten acceder a una suerte de estado alfa con o sin toxicidad y a una omnipresencia de los pasajes rítmicos para mayor trabajo de su percusionista: 'Qué niño soy', 'Asalto' o 'Ebola' son tres ejemplos suficientes del concepto acerado de Manta Ray en 2003, tratándose de ellos dos temas casi de heavy 'mental'.
Fueron breves y se negaron a hacer más de un bis no preparado, la meticulosidad de su material no parece permitirles algunos excesos improvisatorios. La concentración instrumental antes mencionada permite que su sonido sea más inmediato, aprovechando sobre todo las inercias sonoras y los efectos redundantes para traducirlo en sensaciones. Su utilización de la repetición, de los contrastes y del fader son sus armas favoritas, las usan y hacen estragos, devolviéndonos desde la penumbra a los conciertos alucinatorios de antes de que el acid rock se llamara sinfónico. (King Crimson, Pink Floyd, Can, Man, Neu). Música para viajar al centro del reverso.
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