|

Tom Harrell actuó en el festival de Granada
Texto:
Oficina de Prensa del Festival. Fotos:
Juanma Cantos /
Oficina de Prensa del Festival.
El trompetista dejó un concierto bello por su música y asombroso por su ausente personalidad.
El trompetista de Illinois es uno de esos casos en los que la música se ha utilizado para sobreponer problemas personales de índole
psicológico. Desde muy corta edad Tom Harrell ha luchado por que su mundo sonoro equilibre su mundo mental, aportando a la música una perspectiva del jazz completamente original. En Granada Harrell dejó por segunda vez un concierto preciosista y hermosamente delicado en lo que a él correspondía, absolutamente amparado por un cuarteto de jóvenes dispuestos a empujar a su maestro con una disposición y una cualificación de alto nivel.
Desde su inicial asociación con Phil Woods a mediados de los ochenta, en un celebrado quinteto que recuperó el be bop de un modo vigoroso y original, Harrell ha llegado a convertirse, según el prestigioso crítico Richard Cook en 'uno de los mejores improvisadores armónicos del jazz actual, un músico poseedor de un tono intenso y fiero que es capaz al mismo tiempo de investir la más delicada de las baladas con una emoción insoportable'.

Nacido en junio de 1946 en Urbana (Illinois), Tom Harrell es uno de los mejores músicos del jazz actual. Compositor, arreglista y trompetista, cuya obra está impregnada de un puro genio melódico. Harrell tocó la trompeta por primera vez a los ocho años y comenzó a hacerlo profesionalmente a los trece. Su versatilidad como trompetista y compositor quizá pueda explicarse mencionando algunos hitos de su vasta trayectoria: su odisea musical le ha llevado a colaborar con músicos latinos como Carlos Santana, tocar con gigantes clásicos de la talla de Horace Silver y Bill Evans o con importantes figuras del jazz actual como Charlie Haden, John Scofield o Joe Lovano, entre otros.
Con una presencia en escena llamativa precisamente por sus ausencias, ya que se congelaba mientras no tenía que intervenir y estaba impedido para realizar el más mínimo atisbo de comunicación verbal, Harrell se expresa sobre todo con sus instrumento y cómo!. Acompañado, nunca mejor dicho porque eran compañeros más que músicos de acompañamiento, por un grupo de fieras menores de edad, el músico americano dio un concierto basado completamente en piezas originales, demonios y ángeles mentales conjurados en piezas de extremado gusto, con perfiles de dinámicas cambiantes y hermosamente bien temperadas. Una música tan deudora del pasado como personal y perdurable en el tiempo.
El festival de Jazz de Granada entra en su última semana contando con las actuaciones del belga Phillip Catherine el martes.
|