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Missing
Stompers en
familia.
Texto
y foto: Oficina de Prensa del Festival
El Festival abrió sus puertas a los más jóvenes con una gran afluencia de chavales
Como no todo van a ser lumbreras capaces de exhibir sus portentosas facultades, el festival de Jazz de Granada se reserva una día para los menos habituales, los chicos que en la mayoría de los casos es la primera vez que acuden a un concierto, y a los que lo del jazz le suena a teléfonos móviles todo lo más.
Habituales en pasacalles y demás conciertos móviles, en los últimos tiempos los Missing Stompers han entrado ya en escenarios bajo techo. Pero como la cabra que busca su monte, no pueden estarse quietos y terminan estos conciertos echándose a la calle y tocando entre el público. A fin de cuentas gran parte del espíritu que rememoran era transeúnte y tenía sus momentos estelares con las "batallas de orquestas" encima de carruajes. Ciento y pico años después ya no hay muchas orquestas de dixieland donde buscar rivales y menos para echar pulsos sonoros, así que hay que conformarse con escuchar, bailar y reír, tres actividades que los Missing Stompers fomentan en sus conciertos.
Embutidos en rigurosos trajes fúnebres por aquello de la etiqueta que requiere el escenario mayor del Festival de Jazz, la banda de marchas dio en la lluviosa tarde del sábado un concierto denominado familiar, esto es: ligero y simpático. Dos calificativos de lo más apropiado para este grupo ya que su música, material de época made in N.Orleans, forma parte de la cultura tradicional hasta del más sordo (quien no ha cantado alguna vez el 'oguanchinín'?) , mientras que en escena las continuas gracias y gags mantienen el buen humor siempre predispuesto.
Nunca han estado en Nueva Orleáns y mucho menos en la que ellos reconstruyen, que ya sólo existe en los documentales del Discovery Chanel, pero escuchándolos se hace presente el ambiente del Barrio Rosa, su luces y sus sombras. Tienen algo de didáctico en sus construcciones sonoras, sus blues, marchas o rags, no pueden ocultar que han sonado en numerosos conciertos de iniciación al jazz, en su caso empezando por los orígenes: la tabla de lavar, el peine, la botella y un Bolleré bien afinado. Pero más que todo suenan alegres, incluso en la marchas fúnebres, invitando al cuerpo a que se agite y montando los temas con recovecos, paradas y arrancadas donde quedarse enganchado. Podrían ser un grupo de jazz para los oyentes a los que no les gusta el jazz, ya que aún improvisando como manda el manual de estilo del dixie a tres bandas, les pude el sentido lúdico y la diversión como objetivo principal.
Absolutamente recomendables para amenizar festivales, semanas culturales, bodas, bautizos, huelgas, meriendas, entierros y demás actos sociales.
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