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Virtuosismo
y velocidad en Lanuza
Texto: Paco Salas.
Fotos: Jesús Alarcón y Pilar
Hurtado.
Por fin hemos llegado al
escenario puntero de este
festival, que se encuentra
sobre las aguas del pantano de
Lanuza, flotante y
espectacular. Desde la grada
ves a los músicos sobre las
aguas, al fondo los Pirineos,
a la derecha el pueblito
semihundido y la peña
Foratata, y a la izquierda,
agua y montes. No se crean que
estamos dando bola, es que jamás
habíamos visto un escenario
tan bonito.
Solo que para disfrutar bien
el espectáculo hay que
armarse con ropa de abrigo en
condiciones, si no quieres
palmar aterido. La actuación
del jueves empezó sobre las
22,15 con el grupo del
clarinetista griego de la región
de Epiro Yiorgos Mangas. Ya
por la tarde, en la rueda de
prensa que se celebró en el
hotel Nievesol (Formigal)
tuvimos la oportunidad de
conocer un poco más a este músico
tan particular como chapado a
la antigua. Allí hizo gala de
su autodidactismo y de su
manera de entender la música.
Ya sobre el escenario demostró
sus cualidades de showman y de
virtuoso de su instrumento. En
el segundo tema, se salió del
escenario y se adentró entre
el público para que
apreciaramos sus virguerías
clarinetísticas y su ropaje
espectacular.
Por lo demás, con un grupo a
las órdenes del maestro, en
el que va incluida su señora
a la pandereta, baile y canto,
estuvo cerca de hora y media
empalmando una melodía sobre
otra, como el que se come una
rosca de churros, demostrando
que es un solista virtuoso,
que se puede tirar tres días
tocando sin parar, si está a
gusto.
La de Mangas era la segunda
aparición griega en este
festival, en este especial Rom,
pues la primera fue la de
Kostas Pavlidis en la carpa de
Sallent de Gállego.

La segunda parte del concierto
corrió a cargo de la
famosísima formación rumana
Taraf de Hadouks, que a la
traducción significa Orquesta
de bandidos. Esta banda, ya
placeada en el territorio
nacional, en solitario o en la
producción "El tiempo de
los gitanos", siempre da
un punto muy guapo y exótico,
con sus músicas balcánicas y
sus velocidades de vértigo en
las interpretaciones.
Tienen un directo espectacular
y muy bien armado, que no te
puede dejar al margen del
show, a no ser que los hayas
visto muchas veces o que
tengas horchata en las venas.
Siempre cumplen y están
pasados de profesionalidad y
buen rollo.
En resumen, una noche llena de
virtuosismo y velocidad
interpretativa, a la que el
auditorio del pantano pone una
guinda excepcional.
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