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Texto y fotos: Juan Jesús García.
Jayme Marques: El Brasil de siempre.
Cuando uno abrió los ojos Brasil era Marisol, 'Lío en Río' y sobre todo Jayme Marques; si te gustaba el fútbol también Pelé. Para un par de generaciones esas fueron las referencias. Con el tiempo y la llegada de más información, el invento del tanga y la compraventa de jugadores la cosa se fue ampliando, pero tanto antes como ahora Jayme Marques sigue estando ahí, y sigue ejerciendo de anfitrión; aunque el Brasil que él canta, el de siempre, sea historia o postal. Pero es el nuestro.
Hay que estarle agradecido a este músico que se quedó a vivir en España en 1960 porque ha sido la puerta por la que hemos accedido a una gran cultura y a una música riquísima. Se lo agradecemos muchos oyentes y también no pocos músicos, como él gusta de recordar citando a Paco de Lucía o Tomatito. Ahora, cuando ya tenemos acceso a todo Brasil de primera mano, es de bien nacidos ser agradecido.
Marques a sus ¡setenta años! que cumple este año se encuentra en una perfecta forma artística, cantando y también tocando, la acústica, que la Gibson la deja para desarrollos más jazzísticos y la usa menos. Además, para cuando el entono no le permita llevar (léase pagar) grupos más amplios u orquestas (como la Big Band con la que triunfó en el pasado festival de jazz de Jaén) ha desarrollado una formula mínima que con el espléndido batería Manolo Heredia y un leve acompañamiento sampleado de bajo y algo de teclados que le permite adaptarse perfectamente a todos los escenarios.
Hay situaciones circulares que perviven en el tiempo sin saber quién las anima a seguir girando, en este caso no se sabe si Marques siempre toca lo mismo o si es el público el que lo desea; cierto es que sus versiones de 'O pato', 'Desfinado', 'Garota...' o 'Berimbau' siempre están ahí, pero también lo es que cuando deja los estándares de la bossa y se interna por el forró o alarga más su impronta jazzística el personal baila menos y aprovecha para beber o desbeber. Él, como buen observador lo sabe, y regresa a esa guitarra calida de pulsación enérgica que le caracteriza y al susurro grave para que todo vuelva a su sitio; con la complicidad del tan exacto como aparentemente ausente Heredia, un baterista que hace maravillas con la expresión funcionarial de quien te va a citar de un momento a otro para mañana. Es el Brasil de siempre, pero cuando todo cambia tan deprisa, conviene tener a mano algún asidero inmutable al que sujetarse para descansar un rato.
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